Monte Ávila Editores Latinoamericana presenta El Techo de la Ballena 1691 Antología 1969
Nueva compilación de los balleneros llega a los lectores
Prensa MAELCA (16.10.09) Monte Ávila Editores tiene el gusto de presentar El Techo de la Ballena 1961 Antología 1969 en la apertura de la exposición “El techo: medio siglo después” que tendrá lugar el domingo 1 de noviembre, en la Galería de Arte Nacional, Avenida México a las 11:00 am. Participarán Carlos Noguera, Juan Calzadilla, Edmundo Aray, Daniel González y Josefina Urdaneta. El acto es un homenaje para los balleneros Carlos Contramaestre, Caupolicán Ovalles, Adriano González León, Salvador Garmendia, Alberto Brandt, J.M. Cruxent, Efraín Hurtado, Dámaso Ogaz, Hugo Baptista, Gonzalo Castellanos, Mary Ferrero, Juan Antonio Vasco y David Alizo.
La antología surge ante la necesidad de contar con una compilación que reúna la obra de escritores, artistas plásticos y activistas políticos pertenecientes a El Techo de la Ballena, grupo de marcada importancia en la cultura venezolana de los años 60. El libro rescata obras esenciales y da a conocer otras que no llegaron a formar parte de selecciones anteriores. El prólogo y notas son de Juan Calzadilla, la selección y edición de Israel Ortega Oropeza, y el concepto gráfico e imágenes de Daniel González.
El movimiento vanguardista de El Techo de la Ballena se caracterizó por la diversidad de sus expresiones. Juan Calzadilla, escritor y miembro del movimiento, argumenta en el prólogo “De aquel grupo surgieron iniciativas no siempre fielmente ortodoxas ni sometidas a un lenguaje común. Al contrario, hay diferencia de conceptos en la posición a tomar, distintos estilos, actitudes alegres o arribistas según el caso, autenticidad donde la hubo, pero El Techo de la Ballena es un proyecto de respuesta a la violencia asumido en un lenguaje nuevo, diametralmente opuesto al de la tradición.” (p. XVII)
El libro se divide en cinco partes que rescatan formas de expresión propias de los balleneros, a saber Manifiestos, Literatura, Artes Plásticas I, Artes Plásticas II y Testimonios.
“Para la restitución del magma” fue el primer manifiesto del memorable grupo, impreso en Rayado sobre El Techo, n° 1, Ediciones de El Techo de la Ballena, el 24 de marzo de 1961, en Caracas. Es un texto vanguardista en donde la norma queda de lado para atender la restitución del magma, proclaman: “Es necesario restituir el magma la materia en ebullición la lujuria de la lava colocar una tela al pie de un volcán restituir el mundo la lujuria de la lava demostrar que la materia es más lúcida que el color” (p. 3)
El Techo de la Ballena consideró trágico al arte de su tiempo, para ellos el fin de la creación consistía en expresarse: “Expresar, sólo expresar, eso queremos. Para lograr ese objeto primordialísimo renegamos de todo cliché que quiera atribuírsenos; búsquense en otras fuentes la calidad o la intrascendencia de las formas y de las aspiraciones que nos animan. No queremos proclamarnos -tan a destiempo- como médiums de ningún irracionalismo ni de ninguna idea que pueda tener relación con la subconciencia.” (pp. 8,9)
Para los balleneros el significado del proyecto se encuentra en la propia obra, en el movimiento “de fuerza combativa”, no en clichés que pretendan atribuir ni en razones. Ya asomarían esta idea en varias oportunidades “Demostrar que la Ballena, para vivir, no necesita saber de zoología, pues toda costilla tiene su riesgo, y ese riesgo, que todo acto creador incita, será la única aspiración de la Ballena.” (p. 9)
Se encontraban en contradicción con la academia, “la complacencia comercial” e instituciones culturales de la época: “Percibimos, a riesgo de asfixia, cómo los museos, las academias y las instituciones de cultura nos roban el pobre ozono y nos entregan a cambio un aire enrarecido y putrefacto. La Ballena quiere restituir la atmósfera.” (p. 9) La intención que tenían no era revivir ni “resucitar” movimientos artísticos, al contrario, era el encuentro con la experimentación, el instinto, el “rechazo constante” y el riesgo. Atacaron la llamada “responsabilidad” del artista que se traducía en “huera satisfacción de «haber llegado» y halagarse las orejas (¡pobre oreja de Van Gogh!), cuando un grupo de jovencitos puede llamarlo maestro.” (p. 11) Creían en otra responsabilidad, completamente opuesta: “Como los hombres que a esta hora se juegan a fusilazo limpio su destino en la Sierra, nosotros insistimos en jugarnos nuestra existencia de escritores y artistas a coletazos y mordiscos.” (p.17)
A la pregunta inquisidora “¿Por qué la ballena?” Adriano González León responde: “No vamos a dar una respuesta pura y simple. Siempre hemos odiado la voracidad de los interrogatorios, y un examen es un examen, llévese a cabo en el aula, en el café o en la Dirección General de Policía.” (p. 19)
Finalmente, Adriano González León luego de negar la respuesta la aclara: “¿Por qué la ballena? Por eso justamente. Porque hubiera sido fácil elegir el caimán. O porque hubiera sido de señoritos estetas elegir el hipocampo. Y también porque la ballena está en el medio de la bondad y el horror, sujeta a todas las solicitaciones del mundo y el cielo, con su vientre dignísimo que se ríe de Jonás y se engulle un tanquero de petróleo, toda extendida de uno a otro extremo de la Tierra, que casi es la Tierra misma o es el pájaro minúsculo que picotea su diente cariado en el cual nadan los peces. Esa amplitud natatoria, ese deslizarse frenético, que nos permite negarnos en un comienzo a contestar, y concluir contestando, porque, a pesar del odio al inquisidor, teníamos suficientes respuestas para anular su deleznable pregunta. Ese empuje hacia lo desconocido que puede acrecentarnos la razón de vivir y contaminar los instrumentos de una substancia corrosiva que cambie la vida y transforme la sociedad.” (p. 23)
En materia literaria destaca Caupolicán Ovalles con su poema dirigido a Rómulo Betancourt “¿Duerme usted, señor Presidente?”; Carlos Contramaestre que participó en la creación del grupo y llevó a cabo acciones escandalosas como el “Homenaje a la necrofilia” en 1962; de Juan Calzadilla es admirable la insurrección verbal, su estilo que oscila entre la prosa y lo poético, su preocupación por lo teórico, por “las actividades plásticas” y el acercamiento al surrealismo; Francisco Pérez Perdomo militó en el movimiento ballenero con textos como Los venenos fieles (1963) y La depravación de los astros (1966), posteriormente recogidos en la compilación Huéspedes nocturnos (1970) de Monte Ávila Editores; Edmundo Aray abordó lo lírico, la política y la denuncia, mostrando interés por los diálogos y la ficción breve; Adriano González León autor del relato-reportaje “Asfalto-Infierno” donde la ciudad es narrada “como un conflicto entre la mirada y el lenguaje”; Dámaso Ogaz quien llega a Caracas en 1967 proveniente de Chile para formar parte de los balleneros; Salvador Garmendia figura con “Maniquíes”, entre otros textos; se revela la aproximación del argentino Juan Antonio Vasco a la cultura afrodescendiente y a los paisajes venezolanos; y también destaca el español Fernando Arrabal que envía su aporte teatral “Primera comunión“, pieza en un sólo acto.
En 1985 el sello Libros Raro publicó la cuarta edición revisada de Al sur del Equanil de Renato Rodríguez, la primera edición se realizó en 1963 justo cuando El Techo de la Ballena se encontraba en pleno apogeo. En la contraportada de esta cuarta edición varios personajes comentan sobre Renato Rodríguez y su novela. Entre las declaraciones destacan frases que se atribuyen a los balleneros David Alizo, Salvador Garmendia y Edmundo Aray. Una de las frases se atribuye a J.M. Guillent Pérez quien se pregunta: “Y ¿qué van a hacer ahora los de El Techo de la Ballena?”. Esta interrogante pareciera tener vigencia hoy en día cuando el arte de los balleneros todavía despierta el interés del público.
Junto a la literatura las artes plásticas constituyen un eje central de la estética ballenera. Entre los artistas destacados en la compilación se encuentran Daniel González, Alberto Brandt, Fernando Irazábal y Jacobo Borges. En los apartados que conciernen a las artes plásticas se encuentran textos y catálogos referentes a las exposiciones. El quinto apartado, dedicado a los “Testimonios”, muestra escritos de Adriano González León, Rodolfo Izaguirre, Carlos Contramaestre, Edmundo Aray, Dámaso Ogaz, Juan Antonio Vasco y Ángel Rama. El libro cierra con una “Cronología” de exposiciones y publicaciones.
Adriano González León haciendo un balance del proyecto ballenero intuyó la curiosidad que conseguiría despertar el movimiento a futuro: “La ballena abandona su aventura natatoria para que la examinen los pescadores que vienen detrás. Y detrás viene todo: la vieja literatura, el arte viejo, la retórica, el realismo demagógico, el intelectualismo, los profesores, los sectarios, la policía de Rómulo Betancourt y los infantes de marina norteamericanos” (p. 108)
(Fin/ Patricia González) |