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El relato dramático Conrado fue editado por Monte Ávila
Vladimir Acosta cuenta la Edad Media a través de la historia de tres mujeres
24 febrero 2011

“Lo que trato es de reconstruir un mundo sobre una base histórica”, aseguró
“Realmente es un híbrido entre una obra de teatro y una novela. En principio quería hacer una novela, pero eso supone plantearla en primera persona o asumir el papel de Dios, meterse en la cabeza de los personajes, y describir detalladamente los ambientes. Preferí darle originalmente una estructura de obra de teatro, porque fundamentalmente la gente actúa, opina y habla. Me pareció eso mucho más dinámico para el tema que quería tratar”, explicó el historiador.
Pero luego Acosta le dio una estructura que no es de teatro, porque la dividió en partes y las partes en capítulos, aunque lo que “domina es la acción y el diálogo”. Es por eso que quedó como un “relato dramático medieval” como se lee en la portada del libro editado por Monte Ávila Editores Latinoamericana.
“Lo que trato es de reconstruir un mundo sobre una base histórica, tomándome las libertades de crear personajes y situaciones, y respetando, hasta donde es posible, los personajes históricos, para no deformarlos. Intento recrear un mundo donde priva el dominio de la intolerancia eclesiástica, y de cómo la Inquisición trataba toda disidencia, y de personajes que tratan de rescatar sus derechos, su libertad, su manera de vivir, particularmente las mujeres, que son el sector más brutalmente oprimido de la sociedad”, explicó Acosta.
Las tres partes del relato dramático tiene nombres de mujeres: “Elisabeth”, “María” e “Hildegarda”. “Esas tres mujeres representan formas distintas de oponerse” al poder de la Iglesia, dijo.
LA SANTA Y EL INQUISIDOR
El personaje principal, Conrado, fue el fundador de la Inquisición en Alemania, “enviado por el Papa Gregorio IX, en el contexto de una histeria absoluta contra lo que llamaban la herejía”. Vladimir Acosta calificó a Conrado de ser un “personaje siniestro, obsesionado con la intolerancia y el deseo de reprimir. Veía al diablo por todas partes y orgías espantosas, como las veía el propio Papa”. Conrado está asociado históricamente con “el personaje más bello de toda la obra, Elisabeth de Turingia, quien es una santa de la Iglesia católica, relacionada a los comienzos del movimiento franciscano y una mujer de una extraordinaria belleza en todo sentido, física y espiritual”.
Comentó que Elisabeth “dedicó toda su vida a los pobres, a los mendigos y a los débiles. Esa fue la justificación de su vida y en medio de esa vida humilde, llegó a abandonar las riquezas y vivir con los pobres, pero cayó en manos de Conrado, nombrado su tutor espiritual y confesor”.
Conrado dominó a Elisabeth, la “quebró, intelectualmente” y la “fue sometiendo, tratando de hacer de ella una santa, de quitarle todo lo que podía representar relación con su pasado, su riqueza y condición de noble. A latigazos, a golpes, con tortura la fue destruyendo corporalmente para convertirla en una santa”. Murió a los 24 años y fue “proclamada santa, poco después, por obra de él y del Papa”, contó el experto en la Edad Media.
La segunda parte corresponde a un personaje creado por el autor que representa a una aldeana, “pero en el fondo es un poco irreal, medio mágico, porque es como una hada. Es un “doble de Elisabeth pero mundano, que se resiste a perder su condición de mujer, su libertad, su derecho a no dejarse dominar por nadie y que odia profundamente a Conrado”, aseveró Acosta.
La tercera parte corresponde a Hildegarda, “que es una antigua monja, joven y muy bella también”. Precisó Acosta que en ese tiempo cuando las familias no tenían dote para casar a las hijas, la opción era que se convirtieran en monjas, por lo tanto muchas de ellas no tenían vocación religiosa”. “Es un personaje ficticio pero es producto de muchos personajes y situaciones reales, que trato de resumir allí”.
Fuente: Correo del Orinoco
T/ Florángel Gómez
F/ Héctor Rattia
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