Volver

La novela policial Blanco nocturno obtuvo el Premio Rómulo Gallegos

Piglia: “todos en algún momento sentimos que nos están persiguiendo, que quieren matarnos o que alguien nos mira mal”

El miércoles 3 de agosto, un día después de la entrega del premio, Ricardo Piglia debía cumplir desde temprano con una serie de actividades en la fundación Celarg. Una situación provechosa para abordarlo en las instalaciones de esta institución. Así fue.

Varias personas esperaban por el escritor. Era importante llegar temprano porque seguramente el ganador sufriría la acostumbrada persecución periodística-literaria. Quizás él estaba consciente y en aquel momento hasta pudo padecer de ficción paranoica. Si ése fue el caso supo disimularlo bien.

El narrador se presentó enérgico, no necesitaba café y en su lugar tomó té. Su personalidad: dado, cálido, cercano y apasionado al hablar de literatura. Para la entrevista nos sentamos justo en medio de una larga mesa. Cerca de nosotros había un par de personas, que de vez en cuando, con curiosidad y disimulo prestaban atención a la siguiente conversa.

He leído que considera su obra literaria representante de una corriente alternativa, comparándola con la obra de escritores del boom latinoamericano. ¿Qué identifica a esta corriente alternativa?

Creo que no lo considero sólo yo. Se ha ido produciendo una diferenciación. En un momento del boom parecía que había una sola manera de escribir novelas en América Latina, como García Márquez por ejemplo. Daba la impresión de que lo esencialmente latinoamericano era el realismo mágico. Por lo tanto, los novelistas que no practicábamos ese estilo no éramos tan latinoamericanos como aquellos que sí lo hacían. Eso no estaba dicho de modo explícito pero está en los críticos. Los críticos internacionales, sobre todo, asociaban la literatura latinoamericana con una manera particular y muy buena de hacer literatura en América Latina: la de García Márquez y el boom. Nosotros empezamos a protestar contra eso, en el sentido de hacer ironías, bromas, porque hay otras maneras de contar las historias de América Latina sin imaginarla como un lugar donde vuelan las mujeres y donde los hombres viven cien años. Todo eso está muy bien pero también hay otros estilos e historias, entonces nosotros insistimos mucho en que no había que asociar de una manera automática la cultura latinoamericana con una poética definida.

Actualmente estamos presenciando un auge de la novela policial dentro del campo literario que seguramente con este premio se va a fortalecer. ¿Cuáles son las ventajas de esta circunstancia?

Por un lado es una corriente fuerte que no ha sido aún bien estudiada en la tradición de América Latina. Muchos grandes escritores latinoamericanos han escrito novelas policiales, como Borges, García Márquez por ejemplo con Crónica de una muerte anunciada, como Vargas Llosa que escribió Lituma en los Andes, como Fernando del Paso. Se podría hacer una lista de escritores que en algún momento han escrito una novela policial. El género está cada vez más presente en la literatura, ya no es un pequeño género marginal. La literatura policial era considerada menor porque era popular y existe la creencia de que para hacer buena literatura hay que escribir para pocos lectores. Este género, por el contrario, tenía una llegada muy amplia.

Por otro lado el género policial es muy crítico de la sociedad. Muchos escritores latinoamericanos vimos que había una manera de hacer literatura crítica de un modo que no es el estereotipado como el de las novelas sociales con mensaje, que son difíciles de leer y que estamos de acuerdo con lo que dicen pero no nos gusta mucho cómo está contado. El género policial ayudó a los jóvenes a tener un modo de escribir historias que tuvieran energía y fuerza narrativa. Con este modelo podían trabajar sobre los crímenes, la corrupción social y el poder del dinero. Ese es un poco el asunto me parece.

La novela policial se rige por ciertos códigos. ¿Cuáles son las novelas, cuentos, películas o autores que le han servido de guía para aprender estos códigos y qué piensa aportó de nuevo?

Uno nunca puede evaluar el aporte personal. Yo sencillamente veo que el género ha ido cambiando. Como tú dices bien, el género se ha expandido muchísimo. Podemos decir que vivimos en un mundo donde el género policial está presente porque hay muchas películas, series de televisión y novelas que lo demuestran. A lo largo de su historia el género ha trabajado sobre tres elementos: el detective, el asesino y la víctima. Eso es lo que define el género policial.

Al principio, con Sherlock Holmes y los grandes detectives, el género se centraba en el detective, todo se veía desde el detective. Luego, con la literatura norteamericana de los años 30 y 40 empezó el interés por el asesino, cómo es un asesino, por qué será un asesino. El detective estaba y la víctima también pero el relato se centraba en la figura del asesino. Y ahora, en las últimas décadas, la víctima está en el centro de la investigación de las novelas. Hay más interés por quién es la víctima, si efectivamente es una víctima o un paranoico que cree que lo están persiguiendo. Porque todos en algún momento sentimos que nos están persiguiendo, que quieren matarnos o que alguien nos mira mal, es decir, la noción de víctima se puede problematizar. Blanco nocturno, en un punto, es una novela policial centrada en el protagonista: Luca, la víctima.

Hay otra cosa que me gustaría decirte, hay que estar muy atento con esto y sería bueno estudiarlo, y es que muchas mujeres están escribiendo policiales. Ese es un gran cambio en el género porque estaban Agatha Christie y mujeres que escribían. Pero ahora muchas jóvenes en Estados Unidos, en Inglaterra, en muchos lados, están escribiendo policiales con detectives mujeres, están haciendo entrar el problema de género, es interesante.

¿Cómo trabaja lo autobiográfico, busca reflejarlo todo en un sólo personaje o se encuentra diluido en el libro?

Sí, es interesante la cuestión. Yo tiendo a pensar, por experiencia propia, que siempre hay un punto de partida autobiográfico en lo que escribo. En todos los libros que he escrito hay un elemento que tiene que ver con la experiencia personal. Después eso se transforma en la novela. En Blanco nocturno el punto más autobiográfico es el personaje de Luca, está muy asociado con un primo, pariente de mi familia. Luego está el personaje de Renzi, que aparece en todos mis libros y tiene elementos de mi vida. Siempre hay un núcleo autobiográfico en el personaje de Renzi. Creo que siempre hay que balancear el elemento de la propia experiencia del escritor como punto de partida para la invención.

Las diferencias de color y racismo que se reflejan en Blanco nocturno dentro del contexto de los años 70, ¿todavía subsisten de igual modo en Río de la Plata, Argentina, o se ha tomado conciencia?

Conciencia sí. Nadie tiene una opinión racista explícita porque eso ya está mal visto a nivel social, pero sí hay discriminación y racismo. Es lo mismo que ocurre con el tema de las mujeres. Todo el mundo está consciente de que ese tema, en la actualidad, no puede ser enunciado con criterios machistas explícitos, pero eso no quiere decir que hayan cesado las actitudes machistas contra las mujeres. En Argentina no ha habido tradición africana. Hubo en principio una fuerte presencia africana. Luego, durante la guerra de independencia y en distintos momentos, esa población fue exterminada o se integró. Entonces no hay rastros visibles de lo que podríamos llamar la gran tradición africana que puede haber aquí, en Brasil o en Puerto Rico. Al poner un personaje negro dentro de Blanco nocturno, un personaje mulato como Durán, imaginé que era posible producir un efecto en los lectores. La idea era llamar a reflexión sobre qué pasaría si en Argentina de pronto alguien llega y es mulato, negro o africano, cómo reaccionaría la sociedad tradicional. De hecho, lo haría matándolo.

¿Qué representan las hermanas Belladona?

Te digo lo que pensé cuando las escribía. Tengo muchas amigas jóvenes a las que conozco bien y con las que converso. Son estudiantes, me conocen, la mujer con la que estoy, las amigas de mi mujer, son gente fantástica, las chicas de ahora son muy activas. En la novela contemporánea no están bien representadas, siempre son pasivas. Me pareció interesante escribir la historia de dos mujeres que son activas, a diferencia de las novelas tradicionales, que si les gusta un muchacho van y le dicen algo. Me pareció que ellas reflejan una actitud de llevar la delantera. Antes, parecía que sólo los hombres podían seguir su deseo. Eso ha sido totalmente legítimo de los hombres desde siempre. Entonces, me encantó la idea de contar la historia de dos chicas peligrosas, bellísimas e inteligentísimas. De hecho Renzi se enamora de una de ellas y por eso no se va del pueblo. Renzi termina con su trabajo, la noticia del diario ya la tiene escrita, pero dice que se queda porque todavía no ha terminado. En realidad se queda por la muchacha, se la quiere llevar con él a Buenos Aires pero ella se niega. No es la chica que dice “Sí, yo cambio toda mi vida y me voy contigo”. Que podría ser. Sin embargo, cada tanto hay que contar la historia de la muchacha que dice “No, yo quiero seguir mi vida”, muy del mundo contemporáneo.

Usted tiene formación de historiador y es novelista. A su modo de ver ¿cuál es la mejor forma de transmitir lo histórico?

Creo que la literatura puede servir como historiografía, que también en las novelas podemos encontrar elementos para reconstruir momentos históricos. No de manera directa pero sí reconstruir, por ejemplo, los sentimientos de una época. Podemos identificar los sentimientos de una época a través de la literatura, mientras que en la historia vamos a encontrar las acciones, los hechos políticos. Pero el elemento de la vida cotidiana, los elementos más ligados a la experiencia, están en la literatura. En lo literario hay también grandes documentos históricos. Uno aprende como historiador que a veces los hechos mínimos permiten entender grandes momentos.

También ganó el Premio Hammett 2011 por Blanco nocturno. Esto da prestigio a su novela y además a ambos certámenes por el trabajo del jurado. ¿Qué piensa de esta coincidencia? En una de las citas de su libro se lee: “Nos preocupamos del elogio y de los honores en la exacta medida en que no estamos seguros de lo que hemos hecho. Pero aquel que como nosotros está seguro, absolutamente seguro, de haber producido una obra de gran valor, no tiene por qué dar importancia a los honores y se siente indiferente ante la gloria mundana”. ¿Es eso lo que cree o siente?

Sí, yo creo eso. Pienso que uno recibe con mucha alegría los reconocimientos, pero son siempre contingentes para el escritor. Hay que escribir otra novela y por más buenos reconocimientos que tenga, eso no quita el hecho de que al escribir un nuevo libro vuelva a estar inseguro y a empezar desde cero. Otra particularidad de estos premios es que en ninguno te presentas. En el caso del Rómulo Gallegos son los editores quienes envían la novela. Y en el Premio Hammett eligen entre libros policiales publicados el que les gusta.

Fue premiado en contextos tan diferentes... España y Venezuela.

Sí, muy distintos. Para mí fue una alegría, fue mucha la alegría, es un momento de suerte (risas).

¿Únicamente suerte?, no lo creo... Cambiando el tema, Tony Durán, uno de los personajes de Blanco nocturno, tenía entre sus cosas un disco autografiado de Ismael Rivera. ¿A usted también le gusta la música del Sonero Mayor?

Sí, me gusta muchísimo. Tengo bastantes amigos de Puerto Rico en Nueva York porque enseñé muchos años en Princeton. Mis amigos de Puerto Rico y mis amigos puertorriqueños de Nueva York, me iniciaron en el mundo de la salsa, esa música maravillosa del Caribe, uno de los grandes acontecimientos de la cultura latinoamericana. Además, es un tipo de música que tiene contenidos sociales. Se cuentan las historias de los inmigrantes, por ejemplo. Me mostraron un documental sobre Ismael Rivera donde aparecía su madre y el barrio donde él había vivido, maravilloso. La verdad es que me gusta muchísimo.

 

Patricia González
Monte Ávila Editores Latinoamericana

  Volver