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Según François Migeot los poetas escriben para “reflexionar sobre la existencia e intentar darle sentido a la vida que no tiene sentido en sí misma... pero ¿cuál sentido? Eso es completamente abierto”
El escritor francés François Migeot es un apasionado de la literatura venezolana y conocedor a fondo de grandes autores como José Antonio Ramos Sucre, a quien ha traducido y admira. Migeot accedió a hablar con nosotros sobre su libro Lentitud del vino (2010) publicado por Monte Ávila, sus trabajos como traductor y su visión acerca de la poesía venezolana.
François Migeot (Francia, 1949). Poeta, autor de libros de relatos (Avant l'Éclipse, 2004; Le Poids de l'air, 2007); de una novela: Orly-Sud (1998); y de ensayos críticos (À la fenêtre noire des poètes, sobre André Breton, 1996; Entre les lames, lectures de Robbe-Grillet, 1999); traductor de poesía (Antología de la poesía venezolana, 2002; Poemas selectos / Poèmes choisis de Rafael Cadenas, 2003; El canto anhelante, poemas de J. A. Ramos Sucre, 2009). Obtuvo el premio de poesía Ilarie Voronca (Ciudad de Rodez, 1993) y el Gran premio universitario del relato (Academia de Bourgogne, 2000). Publicó recientemente en Monte Ávila Editores la antología poética Lentitud del vino (2010), edición bilingüe.
¿Por qué la poesía?
No sé exactamente, escribo para encontrarla porque ella se escapa.
¿Qué le parece que el Festival Mundial de Poesía en Venezuela se enmarque en el bicentenario de su independencia?
Desde hace años el festival es una iniciativa muy oportuna. Promueve algo diferente al consumo y la Coca-Cola, promueve el diálogo y la pluralidad de voces poéticas.
¿Qué tema o temas principales se presentan en Lentitud del vino?
Creo que hay varios, muchos. No estoy aferrado a uno en particular. Creo que depende de lo que vas viviendo, lo que encuentras en el camino, luego todo es trabajado desde el lenguaje. Seguramente un lector pudiera decir que hay temas que se repiten, yo no lo hago de manera intencional. Quisiera que mi libro no fuese demasiado repetitivo.
¿Qué visión tiene de la poesía venezolana actual?
Creo que existe en Venezuela una vieja tradición que ha dado poetas excepcionales, yo he traducido a Ramos Sucre por ejemplo que es un poeta inmenso. Para mí traducirlo es una especie de escuela de escritura, cada vez que lo leo me doy cuenta de que no he leído nada hasta ahora. Pareciera que el fondo del poema desaparece y hay que seguir leyendo porque el trabajo de ecos interiores es casi infinito. Hay otro poeta que me parece muy grande, que ya nos dejó, es Eugenio Montejo, un gran poeta. Venezuela es una tierra de poesía trabajada, claro que también influenciada por una tradición poética que viene de otras épocas y que atravesó el océano. Además, existe un público sensible a la poesía. Cuando hay un acontecimiento como el Festival de Poesía acude mucha más gente, por ejemplo, que en Francia. El público de poesía en Francia es pequeño, la audiencia es selecta, el espacio para lo poético es reducido hasta en la prensa. En las editoriales se publica poesía pero no como se acaba de publicar mi libro en Monte Ávila, con 3.000 ejemplares, eso se hace en Francia con una novela pero para hacerlo con poesía tienes que ser un poeta sumamente conocido. Que lo hagan con un poeta contemporáneo es muy raro, excepcional.
Nos ha tocado vivir el período de transición a la era digital. ¿Cree que el internet va en contra o en pro de la creación poética?
Creo que internet es un instrumento técnico, más nada, como un martillo, puede ser bueno o malo. Positiva sería la posibilidad de que hubiese una difusión mayor, más libre, para que todo el mundo pudiese dar a conocer su trabajo. Pero eso conlleva un peligro porque no hay mediatización de la obra, no hay un trabajo crítico para apreciar la literatura, es decir, cualquiera cree que basta tomar una cerveza y un papel para hacer poesía. Piensan que basta con enviar sus escritos a internet y con querer ser poeta, y la poesía no es eso. Ese es el peligro, no hay mediatización para que el trabajo llegue como debe ser al público. Pero internet también es positivo porque hay espacios de poesía muy interesantes, sitios que reciben textos planteándose la posibilidad de publicarlos o no, hay una especie de comité de selección y así es mejor acceder a los trabajos poéticos.
Si no fuese poeta ¿qué hubiese sido?
Una buena pregunta... (pensando)... bueno de verdad no sé (risas)
Tenía que ser poeta, era su destino.
Hay que decir también que ser poeta no es una esencia. Bueno, a ver, hubiese sido cocinero, por ejemplo (risas)
¿Algún verso que le venga a la mente, de memoria?
Yo escribo para olvidar los versos, una vez escritos los dejo vivir y no me ocupo del poema.
¿Qué próximos proyectos tiene?
Tengo un libro de poemas que estoy releyendo, pienso que está más o menos terminado. Pero a veces hay sorpresas, uno se pone a leerlo otra vez y encuentra cosas que no funcionan. Entonces dentro de un tiempo lo voy a volver a retomar, es un libro de relatos, son como pequeños relatos poéticos, estoy intentando aplicar un hilo narrativo a la prosa poética. Con respecto a la traducción quiero seguir alimentándola.
Para usted ¿los poetas tienen alguna misión o no? y si la tienen ¿cuál es?
Creo que hay que cuidarse mucho de los poetas que creen tener una misión, los profetas son muy peligrosos. Yo no hablaría de la utilidad de los poetas sino más bien de la necesidad que ellos tienen. Se ven obligados a pensar lo que significa estar viviendo, a reflexionar sobre la existencia e intentar darle sentido a la vida que no tiene sentido en sí misma... pero ¿cuál sentido? Eso es completamente abierto.
Patricia González
Monte Ávila Editores Latinoamericana |