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Enrique Hernández D'Jesús
Monte Ávila difunde temas históricos y sociológicos a través de la obra Resistencia y participación de Iraida Vargas-Arenas

Iraida Vargas-Arenas nació en Maracay, estado Aragua (Venezuela), en 1942. Es antropóloga, doctora Cum Laude en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela. Su obra Resistencia y participación (2007) busca crear espacios novedosos que rompan con el pasado y hagan pensar en un presente que permita la inclusión de todo ser humano, sin distinciones. A lo largo del libro se describe la resistencia del pueblo venezolano contra la dominación, se exponen los logros de la Revolución Bolivariana y se reflexiona sobre la construcción del Socialismo Venezolano.

El libro pertenece a la colección Milenio Libre de Monte Ávila, dedicada al ensayo con temas de vocación latinoamericana y de actualidad.

¿Por qué decide escribir Resistencia y participación?

En parte porque el tema de la resistencia lo venía trabajando desde hace muchos años, es un tema que me interesaba y después porque creo que una de las contribuciones fundamentales que tiene que hacer un intelectual, escritor o escritora, en un proceso como éste, es aclarar términos, ser críticos y desvelar posiciones.

El asunto de la participación es un tema recurrente. Desde nuestra constitución de 1999, se considera que tenemos una sociedad participativa, se utiliza el término de participación muy a la ligera como si todo el mundo supiera de lo que está hablando, era la misma cosa participar políticamente, socialmente o participar en el desarrollo. Ese fue uno de los motivos. Además, desde hace muchos años los temas que trato en el libro los venía trabajando más o menos separadamente y quería hacer una obra que compilara toda esa información.

Un último elemento central en el libro, es que yo pienso que el pueblo sabe lo que quiere, sabe lo que necesita, pero no ejerce su poder constituyente. De alguna manera el libro era una alerta para eso, para que el pueblo tome conciencia de su poder constituyente, no tiene que ajustarse al poder constituido, a lo que conocemos tradicionalmente, al poder constituido.

En el libro se hace referencia a imágenes simbólicas culturales que han sido idealizadas por ciertos sectores de la sociedad venezolana. ¿A qué imágenes se refiere? ¿Hay que enfrentarlas para que podamos hablar en un futuro de diversidad verdadera en materia cultural?

Las imágenes sobre la democracia representativa, por ejemplo, son elementos muy arraigados en el imaginario social. No en balde estuvieron cuarenta años lavándonos el cerebro, a través de las políticas culturales del puntofijismo. Voy a dar un ejemplo actual, con respecto a la enmienda, el argumento principal que usa la derecha, es que no se respeta la alternatividad porque la imagen de alternatividad está asociada a la democracia representativa y no a la participativa.

Es decir, la enmienda que propone el presidente Chávez, refiere a un tipo de imágenes simbólicas, culturales, que se están tratando de rescatar del imaginario colectivo, digo rescatar porque existen, lo que pasa es que están ocultas por esos cuarenta años de puntofijismo. La idea que obedece a la imagen idealizada, es que los presidentes no deben ser reelectos para que haya alternatividad al estilo estadounidense. En realidad eso no es lo que hace falta, lo que necesitamos si queremos que sea una democracia participativa y protagónica, es que el pueblo decida lo que quiere con respecto a lo que sea.

Esa es una de las imágenes. Hay muchas otras, ligadas también al modelo puntofijista de democracia representativa, que tienen que ver con el modo de vida norteamericano, el modo de vida gringo, que se le ha querido meter a la gente en la cabeza. De esto viene toda la idea de confort, de dispendio, de gasto, de consumismo. Incluso lo vemos en los medios de comunicación, tú ves un set de televisión y es el mismo modelo gringo, idéntico, la diferencia es que hablan castellano, que hablan de la revolución bolivariana o de la oposición, pero son imágenes colectivas que ya la gente tiene internalizadas, los colores, la gestualidad, la forma como se ubican los locutores y locutoras, los entrevistadores y entrevistadoras. Es exactamente igual, tú le quitas el audio a un canal norteamericano, y ves más o menos lo mismo aquí y allá. El puntofijismo creó un modelo cultural, que genera cierto tipo de comportamiento, eso era lo que se buscaba, lamentablemente no hemos logrado erradicarlo aún.

Háblenos un poco de uno de los objetivos del libro, cito “tratar de eliminar la visión de la cultura como una suerte de decoración de lo económico y lo político, como algo superfluo que no depende ni condiciona a la estructura social ni a lo político.” Cuál es la diferencia ahora, antes no había compromiso, ahora sí hay. ¿La cultura tiene que ver con el compromiso?

Para mí la cultura es el modo de vivir de la gente. Todos los valores que la gente tiene, las maneras de comportarse, las rutinas de vida, etc. La cultura no es algo que se da, la gente produce cultura, incluso aunque no esté consciente de que la está produciendo. Una de las cosas que logró el puntofijismo fue crear una cultura puntofijista, relacionada con el confort. En Venezuela, vivir dignamente para la gente es tener un carro, tener una casa, bienes materiales. El colectivo es lo único que puede modificar todas esas valoraciones que están en el aparato cultural.

La cultura ha sido desdeñada en todos los planes de desarrollo. Se le considera como un problema menor y se le reduce a uno de sus aspectos, el folklore, la gente bailando, música criolla, la pintura, a las bellas artes, a la escultura, al cine. Necesitamos una producción cultural que no se reduzca a las bellas artes, que se entienda que cuando vas en la calle conduciendo un automóvil estás comportándote culturalmente, el abuso, por ejemplo, el que trates de pasar un carro cuando no te toca, que no respetes, todo eso conforma el modo de vida de la gente y el modo de vida es la máxima representación de la cultura de un pueblo.

Nosotros nos admiramos cuando viajamos al exterior y vemos las calles limpias. La única manera de que las calles estén sucias, es que las ensucien. Se piensa que esas calles del exterior se encuentran en buen estado porque las limpian y realmente lo que ayuda a que se mantengan así es que la gente no ensucia. Eso forma parte de la cultura, del modo de vida de la gente. Por supuesto, no es tan simple, no es una cosa tan sencilla. Tú consumes porque hay todo un aparato dedicado a incentivar el consumismo, ensucias porque hay todo un aparato que no funciona eficientemente, violas las leyes de tránsito porque hay un conjunto de fenómenos, de procesos y de instituciones que son inoperantes y que impiden que la ciudadanía tenga un buen comportamiento.

Si se quiere hacer un proceso de transformación de puentes, casas, presas hidroeléctricas pensando que la gente las va a usar sin que la cultura esté funcionando es un error. Por eso a veces hacen obras maravillosas y terminan siendo maltratadas, son ensuciadas, violentadas. Es por eso, porque no se ha atendido el problema cultural. Desarrollo económico o desarrollo de infraestructura sin atender el problema cultural, no es verdadero desarrollo. Al final sucede que a lo mejor terminas con un elefante blanco, muy bonito, el mejor de toda América Latina, el mejor del mundo, pero que no funciona bien porque somos nosotros los que debemos hacer que funcione, los venezolanos y las venezolanas, en nuestro comportamiento diario. Se produce cultura de manera cotidiana, en la vida diaria. Este concepto de cultura es el antropológico, que toma en cuenta los valores, las actitudes, los comportamientos, las creencias, las maneras de concebir el mundo.

La solidaridad de las comunidades frente al egoísmo es otro tema que se aborda en Resistencia y participación. Los sectores populares tienen un desapego a lo material admirable y, como lo plantea en su libro, parece un fenómeno que ya lleva años en desarrollo. El compartir, la cooperativa y el apoyo son armas para combatir la miseria. Es una conducta que debe ser modelo.

El libro está de alguna manera basado en eso. En los sectores populares la gente es solidaria entre sí. Basta con meterte en un barrio y ver que una señora está cuidando los hijos de alguien, que una familia no tiene que comer y entre todos van y le llevan aunque sea una olla de arroz, que si un poquito de caraota o lo que sea. Eso ha existido desde que existe sociedad en Venezuela. El problema del individualismo y del egoísmo es un problema clasista, se origina cuando surge la clase dominante, ésta busca distinguirse de aquella otra sociedad y comienza a actuar de manera individual.

Esos comportamientos culturales de las clases pudientes permean hacia abajo. Es decir, eso no quiere decir que entre los sectores populares no haya gente egoísta, consumista, que copie el modelo cultural que durante cuarenta años les han impuesto. Ese modelo todavía sigue, tú prendes la televisión y te dicen “compre un carro, compre aquello, viva así, el mejor carro es el de la Ford”. La publicidad, la comunicación, la televisión, la prensa, sigue transmitiendo el mismo modelo cultural. Entonces los sectores populares, como ese es el modelo del éxito, aspiran tener acceso a todo eso, al carro, a hacerse los senos, a tener el celular en la mano.

Entonces la corrupción es inevitable porque la gente quiere más para poder tener éxito, para tener lo que no ha tenido hasta que le dieron un cargo, la joven o el joven de un barrio que comienza a trabajar en un sector pudiente de la ciudad, quiere tener lo que ve que tiene el otro y hace todo lo posible, de ahí viene la delincuencia. Es una cadena, un modo de vivir completo, no solamente económico sino ideológico, político, de creencias, religioso incluso. La solidaridad entre las clases es diferente, todavía persiste en los sectores populares, muy tenuemente en la clase media baja, pero en la alta burguesía o en la clase media es prácticamente inexistente.

En el siglo XX había un alto nivel de racismo, no era el hombre en sí lo que importaba sino su color, ascendencia o raza. Cito “... Pérez estableció una política de inmigración que permitía el ingreso al país de europeos, básicamente españoles, italianos y portugueses, por tratarse de pueblos industriosos y trabajadores, y por supuesto por ser «blancos»... llegó a más: prohibió o dificultó formalmente la inmigración de africanos negros o negras y de orientales «amarillos» (chinos, coreanos, japoneses), quienes -pensaba- podrían potenciar las taras atávicas o contaminarían a la población venezolana con sus rasgos asiáticos.” ¿Parte de la lucha y la resistencia de los venezolanos es contra esto hoy en día?

Claro que sí. Yo comento en la parte donde analizo lo del racismo que más del 60 % de la población venezolana es afrodescendiente. Tú lo ves en la calle, el fenotipo no engaña y el genotipo tampoco. Si haces análisis sanguíneos lo compruebas. Somos una mezcla de europeos, españoles, indios y negros, pero el componente africano es muy fuerte. Yo he oído gente con rasgos fenotípicos africanos diciendo “a mí no me gustan los negros”.

El racismo surge en Venezuela en la colonia, la condición colonial nos trajo muchos males. Pero el que establece una política racista clara fue Pérez Jiménez. Él necesitaba aplicar una política desarrollista en el país, era una exigencia del imperio, pero la sociedad venezolana de aquel entonces, de finales de los cuarenta, no era industriosa en términos capitalistas. Él no contaba con una mano de obra que entendiera los valores que él quería, la población no tenía una cultura capitalista plena. La gente creía en la necesidad de trabajar, pero también en el descanso. Nada de eso de trabajar doce, catorce, dieciséis horas.

Pérez Jiménez comenzó a decir que ese comportamiento se debía a que éramos descendientes de indios y negros, quienes eran flojos. El calificativo de flojos venía de que la población venezolana no se ajustaba a los esquemas capitalistas. Es decir, la idea era matarse trabajando veinte horas diarias así te pagaran el equivalente a cinco, de ese modo el país echaría para adelante. Esa era la tesis que él defendía para aplicar su modelo desarrollista. Venezuela era un país extremadamente pobre. Yo soy de esa generación, no había dispendios de nada, en Maracay había como cinco carros en toda la ciudad, prácticamente no había circulación. Había como cinco, seis carros y autobuses. Es decir, la gente no podía gastar en automóviles, en bienes materiales lujosos, ni les interesaba. Mantenían una vida austera, espartana. Para qué ponerse a trabajar veinte horas, no lo veían como necesario, es decir, el modo de vivir tradicional era un modo de vida más tranquilo, nada capitalista, donde la acumulación de riquezas y bienes no era un valor cultural.

Eso cambia con Pérez Jiménez, no solamente hace planes de infraestructura sino que además se trae una fuerza de trabajo que él consideraba que al contrario de la nuestra, sí creía en trabajar veinte horas para producir bastante. Pensaba que no había que traer ni negros, ni chinos. Yo recuerdo que hasta hace nada, los orientales no entraban sino de manera ilegal, los asiáticos no entraban al país, había una política de inmigración que les negaba el ingreso.

Pérez Jiménez trajo gente del mundo mediterráneo, gente que venía de sociedades que eran fascistas, altamente racistas. Entran aquí y se encuentran con que la mayoría es afrodescendiente, mulatos o mestizos de los tres componentes, es decir, la mayoría tenía una coloración de piel oscura. La gente comenzó a despreciar a la masa por considerarlos flojos y de color oscuro. Entonces ahí comienza el racismo encubierto, aparentemente éramos una sociedad sin racismo pero era mentira y eso persiste hasta nuestros días. La clase media lo tomó como un valor, incluso gente que es fenotípicamente afrodescendiente desprecia a los demás por su coloración de piel. Hemos visto cómo los centros comerciales y las discotecas impiden la entrada de gente pobre, que no esté vestida según los estándares, o gente afrodescendiente fuerte con rasgos marcados. Todavía tenemos una sociedad fuertemente racista. Los comentarios que realizan en contra del presidente Chávez porque es zambo o las burlas contra Aristóbulo Istúriz son una demostración clarísima de racismo. Esa es una manifestación del racismo que existe en la clase media, no obstante que la clase media también es mestiza, porque no hay sociedad que no sea mestiza.

En Resistencia y participación usted comenta que el gobierno bolivariano desea formar “una nueva noción de pueblo en donde estén representados todos los individuos sin distingo de raza, condición social, etnicidad, género, ideología o edad”. ¿Es así como los hombres tendrán capacidad para desarrollar su propia conciencia reflexiva?

Con el planteamiento de una nueva noción de pueblo creo que sí, los espacios de reflexión deben ser estimulados. Eso es lo que necesitamos, como trato de demostrar en el libro, durante más de quinientos años este pueblo se ha rebelado contra las injusticias, la verticalidad y la jerarquía. Siempre ha buscado participar, de manera que esa es una constante histórica. Después de los cuarenta años oscuros del puntofijismo se deben crear espacios de reflexión donde la gente pueda decir: estamos aquí mujeres, hombres y nadie es más importante, así seamos negros, indios, blancos debe existir respeto, sin tomar en cuenta el color que se tenga. Si esos espacios de reflexión se dan y la gente puede darse cuenta de que eso es así, entonces se pudieran diseñar formas de participación novedosas donde no se discrimine a nadie por ninguna razón, ya sea de género, de raza o social. Que no se discrimine al que sea hombre, mujer u homosexual, porque ser homosexual es otra forma de sexualidad que debe ser respetada, cosa difícil aquí porque los valores culturales, tradicionales, niegan ese género, entonces es complicado. Difícil pero no imposible.

Es importante destacar el papel de la mujer y la importancia que se le ha dado en el gobierno bolivariano. Usted comenta en su libro que el discurso del presidente Chávez “rompe la invisibilización social, secular, a la que hemos sido sometidas las mujeres, para lograr en la población general la promoción de la igualdad de nuestro género en el acceso a una óptima calidad de vida.” Cuando se habla de machismo, suena como un término prehistórico pero es impresionante ver cómo todavía los hombres lo practican.

El problema de los géneros y sobretodo del machismo, del patriarcado que es la expresión más acertada, sigue existiendo en la Venezuela Bolivariana. Todavía hoy existe. Desde la colonia se introdujo aquí una forma de patriarcado, antes de eso existían ciertos elementos patriarcales, ciertas discriminaciones a las mujeres indígenas. Pero con la colonia se institucionaliza el patriarcado. Esa manera de concebir el mundo es milenaria, se ha arraigado en la mente de hombres y mujeres. Cuando llega el capitalismo eso se potencia, porque el capitalismo hereda el patriarcado, el machismo. El capitalismo potencia el patriarcado y discrimina a la mujer, la explota, de distintas maneras. Como decía en un artículo que escribí hace poco, ahora ya no somos como antes que nos quedábamos en la casa, teníamos diez servicios, veintidós hijos, éramos unas conejas, no hacíamos sino reproducir a la gente, no se nos veía sino como reproductoras.

Ahora no, ahora estudiamos, trabajamos en la calle. Eso que aparentemente es una mejora y sí lo es de alguna manera, ha hecho que tengamos que hacer dos jornadas de trabajo, en la calle y en la casa. El problema no ha sido resuelto todavía. Existen los hombres que aún maltratan a las mujeres dentro del hogar y también a los hijos e hijas. Existe la promiscuidad y la violación de niñas en sus propios hogares, siguen existiendo las diferencias de salarios entre hombres y mujeres, un subterfugio que utilizan las empresas capitalistas para no pagar en la maternidad, la discriminación sigue existiendo de distintas maneras.

Por primera vez un gobierno reconoce de manera clara (y por eso cito al comandante Chávez) que eso es un problema y lo reconoce no solamente en el discurso, sino que ha impulsado medidas, ha creado un ministerio que se está ocupando de diversos asuntos de la mujer. Pero el problema como te decía es milenario, son millones de problemas por resolver. El principal es que en la mente de todos nosotros, mujeres y hombres, existen ideas patriarcales, el hombre es el fuerte, la mujer es la débil que necesita que la representen. Nosotros reproducimos el machismo, somos nosotras las que educamos a los hijos.

La educación escolar contribuye y a eso agrégale todas las otras formas de comunicación, tú vas a un museo por ejemplo y a nadie se le ocurre decir “voy al museo a ver la exposición de la mujer de las cavernas”, todo el mundo te habla del hombre de las cavernas, como si sólo hubiesen vivido hombres, el hombre era un cazador, la mujer no, aparentemente ella se quedaba en su casa echándose aire. Los mensajes son constantes, por distintas vías los mensajes reproducen el machismo. Por otro lado, cada vez hay más hombres feministas, cada vez es más aceptada la homosexualidad como otro género, sea de hombres o de mujeres, del sexo masculino o del sexo femenino, cada vez se sabe más y cada vez se hace algo. Este gobierno ha tratado de hacer algo en distintos frentes, pero hay millones de problemas en el ámbito de la educación, la comunicación, las relaciones familiares, que son difíciles de manejar porque como entran en el ámbito de lo privado, aparentemente el Estado no puede inmiscuirse en cómo se cría un hijo. De manera que el problema es extraordinariamente complejo, persisten las discriminaciones, persisten las valoraciones negativas. Por ejemplo, en algunos consejos comunales las mujeres participan mucho pero a la hora de elegir quién va a representar al grupo, entonces eligen al hombre y él aspira a ser electo y trata de someter a las mujeres. Es alentador lo que está pasando sobre todo por nuestro enorme protagonismo pero no hay aún una política de estado bien clara con respecto al patriarcado, cómo eliminar eso, es un problema muy complejo y milenario.

Usted habla de la construcción de un nuevo imaginario social venezolano, donde la colectividad tenga control sobre las palabras, los ritos, las narrativas, las cosmogonías. ¿Cuál es la importancia de la colectividad en cada uno de estos aspectos?

Los colectivos poseen un imaginario formado por una serie de imágenes que vienen de sus propias experiencias, tradiciones históricas, cotidianidades de la gente con la cual se relacionan. Sin ese imaginario, sin esa subjetividad, la gente no puede actuar, es difícil que actúe, porque ahí están presentes los valores, las maneras de concebir el mundo, las consideraciones con respecto al género. Es importante tener una subjetividad colectiva, un imaginario rico en palabras y comprensión de situaciones positivas y negativas, para poder de manera reflexiva decidir, por ejemplo, “yo no sigo contaminando mi ciudad, o no sigo comportándome con mis hijos de esta manera, o no sigo viendo este canal de televisión porque me está maltratando mi psiquis”.

En Resistencia y participación se habla de “romper con el paradigma del individuo unificado, de la identidad única y esencialista”. Este es el paradigma que ha sido impuesto en la mente de muchos venezolanos y va en contra de la diversidad. Pareciera que algunos hombres entienden esta unificación de manera positiva, se inclinan hacia esa tendencia para sentir que tienen en sus manos libertad para escoger, no lo ven como adoctrinamiento o limitación de su conciencia reflexiva. ¿Cómo hacer entender que enfrentando esta identidad única lo que se busca más bien es generar diversidad, crear alternativas para elegir?

Yo creo que el opuesto a la identidad única es el reconocimiento de la diversidad. Todos somos diversos. Todo el planeta es diverso, no solamente Venezuela. Los hombres son distintos a las mujeres y viceversa, niños y niñas son distintos a los adultos, los indígenas son distintos a los mestizos, a la sociedad criolla y así sucesivamente. Si nosotros reconocemos la diversidad y la respetamos, entonces podremos aceptar que existen tantas identidades como diversidad existe. Actualmente hay un desconocimiento de la diversidad, lo diverso existe, es un hecho innegable y desconocerlo es un irrespeto, decir “todo el mundo es igual” o “todos debemos pensar igual”.

Afirmar “yo me identifico con el modo de vida norteamericano”, por decirte algo, es una decisión personal pero no es espontánea, casi nunca es espontánea, es inducida. Porque la identidad existe en dos esferas, una esfera interna, que es auto gestada, yo desde que nací me identifico con ser mujer, una lesbiana a lo mejor desde que nace se identifica con esa forma de sexualidad, o un indígena desde que nace se identifica con el hecho de ser indígena. Pero además hay otra que no es auto gestada, que es inducida, es decir, tú puedes ser fenotípicamente un afrodescendiente e identificarte con un blanco, por razones de carácter político o porque has sido adoctrinado para que se dé esa identificación. Eso es lo que buscó el puntofijismo durante cuarenta años y es lo que ha existido en Venezuela desde que existe colonia. Es decir, las identidades han sido impuestas, tratando de homogeneizar y crear una sola identidad, negando una cosa que es obvia, que es la diversidad e irrespetando las distinciones que hacen posible la existencia de esa diversidad.

Existen palabras que se llegaron a escuchar de manera normal hace unos cuantos años, son palabras que al recordarlas causan impresión, son racistas y de menosprecio al ser humano. Eran utilizadas en gran parte para identificarse a un grupo social y distanciarse de otro. Las palabras son “monos”, “tierrúos”, “cachifas”. Cito de su libro:

    Monos: “nombre usado despectivamente para referirse a los habitantes de los sectores populares, aludiendo el color oscuro de sus pieles”

    Tierrúos: “otro de los calificativos desvalorativos usados para referirse a los sectores populares”

    Cachifas: anglicismo importado de Colombia que es una contracción de las voces inglesas key y chief, ama de llaves

Estos detalles que forman parte de su libro deben ser mencionados para sensibilizar. ¿Por qué aún se toman estas manifestaciones como inofensivas, triviales y hasta a manera de burla, como una gracia, si pueden generar agravios en la integridad de miles de hombres? Algunos las dicen hasta con orgullo y son pocos realmente los que las reprueban o denuncian.

¿Por qué persisten? Bueno, porque todavía no hemos cambiado el modo de vida, es decir, nuestra cultura sigue siendo una cultura capitalista, alienada, con valores externos, racista. Nuestro modo de vida no ha sido transformado todavía, aún se piensa que se le debe prestar atención a la cultura después que se resuelva el problema económico y político. Por eso yo decía al comienzo del libro que la cultura no es como la guinda que decora la torta, sino que está presente en todo.

Fíjate tú que cada vez que alguien dice “Él es un tierrúo”, hay una risita por detrás, o cuando hablan de la mujer, cuando dicen, por ejemplo, “Ella es un ser inferior”, también se escuchan las risitas, cuando en un texto aparece “Ellos y ellas” dicen “Por qué usas eso” y también las risitas. Esa es una risa de incomodidad, te están haciendo notar que esas expresiones tienen connotaciones despectivas o negativas. Yo creo que lo que ha faltado también es una política de difusión acerca de eso, informar de dónde vienen esas palabras, por qué se usan. Yo le di el libro a una amiga, a la cual respeto mucho, y me dijo “Mira, esto lo debería leer la gente hoy en día, para que entiendan muchos de los comportamientos de la actualidad y para que vean de dónde vienen”. Esos comentarios parecieran inofensivos pero no lo son, no sólo son racistas sino que demuestran una alienación a un modo de vida que no es el que deberíamos tener.

¿Qué nuevos proyectos tiene?

Tengo un proyecto que se llama “Origen y desarrollo histórico de la exclusión social en Venezuela”, hay uno que se refiere a hombres y mujeres y el libro Resistencia y participación está vinculado a ese proyecto; y hay otro que se refiere a los colectivos femeninos, a las mujeres nada más. Acabo de terminar, hace unos meses ya, un nuevo libro sobre las mujeres. Ya yo produje uno en el 2006, acabo de terminar otro también, sobre esos colectivos de mujeres. Escribo muchos artículos, hay una línea particular de investigación que me interesa y que vengo produciendo últimamente varios trabajos, se trata de cómo usar la historia para eliminar estas políticas que nos llevan a identificarnos con otros modos de vida nocivos, el problema de los valores. Es cómo usar la historia, no solamente la historia contemporánea, como es el caso de Resistencia y participación sino la historia desde que existe humanidad, dado que yo soy antropóloga de profesión y formación como historiadora, y trabajo como arqueóloga, entonces abarcar los quince mil años de historia que tiene el territorio venezolano y nuestra América en su conjunto, toda la América Hispana, y entender cómo muchas cosas que suceden hoy día tienen su explicación, su origen, su causalidad, a veces hace milenios, a veces hace centurias, y a veces en el pasado más reciente, como las que describo en Resistencia y participación que alude básicamente a los últimos doscientos años de historia contemporánea.



Patricia A. González
Monte Ávila Editores

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