| Eduardo Embry: "Venezuela está en un momento privilegiado"
El gusto por lo medieval, el interés por el castellano antiguo, el humor y la visión crítica de la sociedad son rasgos que caracterizan la obra de Eduardo Embry. El ingenio del poeta chileno lo lleva a acoplar distintas épocas, el pasado con el presente, a través de un uso lúdico y particular del lenguaje. En la siguiente entrevista reflexiona entre otras cosas acerca de Manuscritos que con el agua se borran (2009), libro publicado por Monte Ávila en la colección Altazor. La selección de esta antología fue realizada por Eduardo Gasca.
Eduardo Embry nació en Valparaíso, Chile, en 1938. Es Magister en Filosofía y Letras por la Universidad de Southampton, Inglaterra. Entre sus libros publicados se encuentran Poder invisible (1975), La vaca del señor Don Gato (1980), Cartas edificantes (1980), Para santos y herejes (1990) y Doble clic (1999).
¿Cómo se forma un poeta? ¿En la vida, la universidad, la Academia?
Existe una tendencia en toda América Latina y España de considerar esa clasificación: poetas universitarios y poetas ingenuos o que no han tenido acceso a la universidad. Eso me parece una barbaridad porque entiendo que la universidad puede facilitar la formación de un escritor pero no puede negarse el hecho de que un poeta sin acceso a la universidad muestre talento.
No quiero señalar nombres, pero yo conozco grandes poetas venezolanos con una calidad inmensa que llegaron a la universidad por su calidad de poetas. No por eso han sido malos académicos, una cosa y otra van separadas. En mi país también sucede, el caso mío por ejemplo. Cuando salí de Chile era un poeta que trabajaba de obrero y a la vez hacía programas en televisión. Cualquier persona podría haberse preguntado por qué un obrero hacía programas de televisión, se preguntarían por qué hacía programas en la radio cuando más bien debería haber estado metido en la fábrica.
Puse mis estudios al día en Inglaterra. Tuve esa fortuna e infortuna a la vez. Infortuna porque tuve que ir al exilio para educarme y fortuna porque pude de algún modo acceder a la universidad. Llegué a ser un académico con título universitario, tesis, y además con premios por haber sido uno de los mejores tesistas en postgrado. Eso es interesante porque demuestra un poco mi tesis, de que no es necesaria la formación universitaria para llegar a ser un buen poeta.
Para ser poeta se necesita primero una buena sensibilidad por la palabra, entendiendo que la palabra es el eje sonoro y significativo de la expresión escritural. Y segundo, que la sociedad o tú mismo si la sociedad no te lo provee, promueva la lectura.
Venezuela está en un momento privilegiado, una editorial histórica como Monte Ávila pasa por un momento en el que los cambios son intensos en todo sentido, en cuanto a democratización de la sociedad y de la cultura. Monte Ávila se pone al día en este campo, inaugurando colecciones y continuando con la colección Altazor que es excelente. A mí me llena de honra ser parte de esta colección, sobre todo porque Altazor es el nombre de un libro de Vicente Huidobro, el poeta chileno que inauguró en Europa y en todo el mundo un movimiento que se llamó el creacionismo, que hasta ahora es un movimiento que está vivo. La posición del poeta es, en vez de cantarle a la mujer, que ésta surja del texto, que aparezca cantando, y que el poeta no cante a la lluvia sino que haga llover en el poema. Eso es interesante y creo que todavía está vigente.
Por otro lado, se encuentra la hermana Editorial El Perro y la Rana, que brinda apoyo a los jóvenes poetas tanto nacionales como extranjeros; también tiene una excelente serie de literatura internacional donde he podido leer a bajos precios colecciones de poetas palestinos, griegos, latinos, entre otros.
¿Qué es para usted la poesía del desenfado a la que ha sido vinculado?
El profesor Gasca, es un amigo, un profesor con una calidad y sensibilidad poética extraordinaria. Se puede decir que es un hombre de confiar (risas). Cuando él habla de esa poesía del desenfado indica que el calificado de esa manera se presenta como un hombre al que no le importa nada, que toma elementos de cualquier lado y construye su poesía, no se refiere a un hombre que ande enfadado, se refiere a un cínico más que nada. Un hombre al que no le importan las formalidades ni que existan ciertas reglas, las reglas se rompen, más o menos por ese lado creo que lo enfoca. En todo caso, muchas de las palabras que él dice yo no las merezco.
Háblenos un poco del lenguaje de sus poemas.
Hace años, del 69 al 70, se publicó una antología de poetas en la Casa de las Américas. Los autores de esa antología fueron seleccionados después del Concurso de Casa de las Américas en el que ocho poetas fueron los más destacados. En esos años estaba haciendo el trabajo de captar elementos de una poesía tradicional arcaica para transformarla en lenguaje actual. Hay muchos poemas que tengo olvidados y debería rescatar. Yo no tengo ese ejemplar, después del golpe todo eso se quemó, desapareció. Si a ti te pillaban los militares con algo que tenía relación con Cuba inmediatamente te metían preso, entonces venía el pánico. Perdí todo tipo de libros, incluso mis libros personales. Esa tendencia es interesante para mí porque más que una cuestión de erudición, es una mofa, una ironía, una forma de hacer sátira.
¿De dónde viene el interés por lo medieval?
El interés por lo medieval partió del 69 cuando fui premiado con una publicación en Cuba. Ya ahí se notaba mi interés por la Biblia, por ejemplo. Para mí la Biblia es un libro exquisito para la transformación poética, he tomado elementos del Padre Nuestro y algunos episodios del Nuevo Testamento. Creo que el profesor Gasca salva alguna de estas cosas que estoy diciendo en Manuscritos que con el agua se borran (2009). En este libro se aprecia el tema de carácter bíblico, aunque las citas no son directas, se pueden encontrar entre textos interpuestos.
Su obra muestra un tono jocoso, ¿por qué trabaja el humor en la poesía?
“Yo, el arcipreste de ninguna parte, que una vez / el amor tuve en la palma de la mano, / si era una luz, el amor no era una luz... ” En fin, uno como poeta a veces aparece ante ciertos grupos sociales como un ridículo. A mí me da vergüenza aparecer en un salón social, entre hombres vinculados a los negocios o a la administración y que me presenten como el poeta Eduardo Embry. Con esa presentación me siento ya como algo que no está en este mundo, es el ridículo que se me viene encima. Esa es un poco la imagen pero yo trato de ver el reverso de eso porque el escritor, el poeta, tiene la ventaja de manipular esa realidad y reírse un poco.
Quienes leen con detención algunos de mis poemas podrán ver que la intención es esa, hacer una crítica a esta sociedad a través de transformaciones. Cuando estuve estudiando en Londres, tuve la suerte de tener como tutor a un medievalista. Este profesor me introdujo al estudio del Mio Cid Campeador que es maravilloso, también al estudio del Libro de Alexandre, La Celestina. Tuve un acercamiento con todo esto en mi proceso de exilio en Inglaterra, eso hace como un paquete, una amalgama cultural entre el poeta ingenuo y el académico que se da cuenta que esa cultura vale para transformar el lenguaje.
Nombra usted a Venezuela en un poema titulado “Vivo solo”.
Bueno, esa es una historia sentimental, no patriotera. Se ven dos cosas en ese poema. Por una parte, la Venezuela que yo quise y quiero como un país generoso, no es el país lo generoso, generosa es la gente y los amigos en realidad. Por otro lado, cuando me fui de Venezuela para ayudar a mi hija, iba a ver la posibilidad de reanudar mi relación sentimental con la mujer de quien me había separado. Pero tuve que dejar a un gran amor de muchos años en Venezuela, entonces fue un poco complicado y traumático.
Yo salí con un pasaje de ida y vuelta, no sabía qué iba a pasar en esa relación, tuve que pasar la soledad del latinoamericano metido en un mundo anglosajón tenso y fuerte. Ese es uno de los poemas más sinceros del libro, se añora por una parte el país y también a la mujer amada. Es un poema de amor muy lindo que gracias al profesor Gasca se rescató.
¿Qué es un poeta?
Como te dije, un ridículo. Una persona que tiene el alma de niño. En ese sentido estoy tan feliz con mi hija, porque ella me ha enseñado a ser más niño todavía de lo que un poeta puede ser. Al hablar de ser niño me refiero a cómo desarrollar una nueva sensibilidad ante las cosas. Esas visiones me hacen ver al poeta como un tipo verdaderamente simpático. A veces me enamoro de mí. Yo nunca podría pensar en un suicidio por ejemplo. Cuando eres un poeta maduro de edad, te das cuenta de la fuerza interna que tienes y puedes dar sin pedir recompensa.
Patricia González
Monte Ávila Editores Latinoamericana |