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Entrevista a Luis Alberto Crespo
Luis Alberto Crespo (Carora, 1941). Poeta, crítico y periodista. Mereció el Premio Nacional de Cultura 2008-2010, mención Literatura, por su obra entera que comprende: crónica, poesía, narrativa y su trabajo como escritor al servicio del periodismo.
Crespo es actualmente el presidente de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello y el organizador año tras año del Festival Mundial de Poesía. Conversó con nosotros acerca del premio, la literatura y sus nuevas publicaciones.
¿Su obra es profusa, cierto?
Me resulta un poco incomodo aceptar que mi obra es profusa. Creo más bien que es un único libro que se ha prolongado mucho, porque tiene una sola motivación constante. He escrito alrededor de 19 libros de poesía. Realmente, también he buscado esa misma motivación en otras formas de escritura, en crónicas y reportajes, que han sido recogidos en varios tomos, sobre Venezuela, sus espacios geográficos, sus hombres, sus seres. Esta colección de publicaciones se llama Venezuela tierra mágica, recogida por Corpoven, para ese entonces filial de PDVSA. Es decir, he tenido una sola pasión de mostrar un paisaje, un cielo, un aire, una atmósfera, una tierra que es real y al mismo tiempo poetizada, convertida en imágenes y reflexiones. Esto podría responder a una ambición mía, de crear una suma de publicaciones que retraten mi inclinación por mostrar a Venezuela. Mostrar el país concretamente a partir de una región que es para mí esencial, la de mi infancia, Carora, una región árida, espinosa, con mucho sol, pero que ha venido creciendo y que convive con la selva, las montañas, el mar y las aves. Tal vez es muy ambicioso lo que estoy diciendo pero es como una idea fija que no me abandona.
¿Vincula poesía y periodismo en su escritura?
El periodismo está integrado dentro de mi lenguaje poético. También se encuentra en mi búsqueda de una imagen o metáfora que represente a Venezuela. El periodismo cultural me ha llevado a una forma o lenguaje periodístico particular, que consiste no sólo en informar sino en sentir el país. Sentir el periodismo como un género literario. He insistido en que ambas formas de escritura estén unidas. Para desarrollar esta unión he tenido alianza con grandes escritores, poetas, periodistas y narradores.
¿Se ha nutrido entonces de la narrativa para crear poesía?
Mucho, soy un lector bastante asiduo. He tenido la suerte de amar a los clásicos de la narrativa y poesía. Me he nutrido mucho de los fundadores de la literatura en el mundo. Me ha tocado esa curiosidad o inclinación porque tuve un padre que amaba ir a las fuentes de la literatura. Heredé esa pasión por los antiguos, si se puede decir así, porque realmente los considero modernos. Por ejemplo, están los grandes cantos de Homero, Virgilio, el mismo Cid Campeador, con su mundo de España. Me deleita aproximarme a la creación de una lengua, un país, una sociedad y un destino.
¿Existe alguna relación entre la música y su poesía?
Yo amo el silencio por lo tanto amo la música. Creo que lo poético debe contenerla porque la poesía está inserta en todo aquello que el hombre transfigura en escritura. La poesía está inserta en el trazo pictórico, por ejemplo. Hay mucho de pintura en lo que escribo y sobre todo de música, si no explícitamente al menos muestro esa musicalidad de manera implícita. Existe una entonación musical que viene dada por las formas poéticas tradicionales de los sonetos y de los grandes hexámetros. La música la llevo por dentro y me motiva a escribir. Realmente está escondida, pero a mí me apasiona que de alguna forma me motive. La pintura sí es más explícita porque se encuentra en colores que busco, el blanco y el ocre.
No sólo se inspira en la realidad...
No. En mi obra se descubre la pintura de Armando Reverón, también la del primer Héctor Poleo, el de los paisajes áridos, son paisajes surrealistas pero muestran una tierra crispada por la sequía y las heridas. Al mismo tiempo se descubre a César Rengifo, que me interesó mucho por la imagen de la tierra desnuda, un hombre que camina sobre una tierra sin nadie. Eso para mí es esencial cuando quiero escribir espacialmente o hablar de cierto color, cierto espacio, con el fin de que sea visible. Siento necesidad de una poesía figurativa y se la pido prestada a la pintura.
¿Qué forma poética le gustaría cultivar que no haya desarrollado?
El soneto, sin duda alguna, por su contención, las leyes tan precisas que tiene, porque es poesía concreta, sintética. Por su estructura, perfección formal y dificultad para alcanzar esa perfección formal. No he escrito ni uno sólo todavía, más adelante. Le tengo mucho respeto y creo que uno de los grandes momentos de la poesía lo representa el soneto. Es la forma poética que considero mi mayor ilusión para realizarla.
Háblenos un poco del contenido de su poesía. Retrata una región concreta: Carora. Luego ésta se va volviendo abstracta, cada vez más sintética e intimista. Paradójicamente cobra entonces carácter universal.
Me gusta mucho lo que dices. En primer lugar, como mencionaba al principio, yo busco un sólo libro. Siempre ha sido constante mi referencia a un paisaje muy definido, el paisaje de mi infancia, presente en mis primeros libros. Luego, esos libros o motivaciones, se van interiorizando, diseminando y finalmente terminan refiriéndose a cualquier lugar donde haya una tierra desnuda, seca, espinosa. Sobre todo donde haya mucha blancura en la luz, donde esté presente un color constante, el ocre, y una ave como la tortolita. Al principio es una tortolita real y luego es la representación del alma. Para que veas cuál es la aspiración y el ansia mía, de que esa región de la infancia esté en cualquier parte donde yo viva o donde se manifieste la poesía. Con respecto al cine, un arte que amo, he buscado la blancura en Araya de Margot Benacerraf, y en tantas otras obras donde ese silencio de lo ilimitado, de la tierra seca, del mundo desolado, esté presente, como por ejemplo en el arte de Glauber Rocha de Brasil.
La poesía es una manera de expresar lo que uno ama como cultura, en mi caso ya no solamente es la escritura, sino también la pintura, la música, son los paisajes. Es la fotografía, por ejemplo, que me impacta. La fotografía de lugares solos, del blanco y negro, del detalle. Entonces claro, no es tan regional mi poesía, si al principio lo fue ahora se ha trasladado a otras partes. Tengo un libro que acabo de concluir titulado La misma vez, que es una especie de último momento. Pretendo que sea una trilogía que comenzó con Tierramente, sigue con Sé y termina en La misma vez. La idea es realizar una trilogía que constituya la culminación de un lenguaje iniciado con Si el verano es dilatado. No puedo decir que voy a callar mi poesía porque de pronto voy a continuar siendo el mismo que ha insistido en una sola imagen, una sola motivación, aunque ella se mueva por todos esos ámbitos que he nombrado.
¿Cómo fue la experiencia de escribir el libro Sé?
Yo tengo un defecto. No sé si es un defecto, puede ser una cualidad: nunca me releo. Me da miedo. Tengo que seguir sin mirar hacia atrás. Sé es igual a cualquiera de mis libros anteriores pero también está presente una nueva vida en él. Creo que en Sé hay un concepto de desencanto, una especie de ruptura emocional, de experiencia que si fue placentera en un momento se convirtió en algo más bien desolador o desolado. Hay una especie de fractura vivencial, siempre acompañada de motivos, imágenes, frases, elementos formales y sustantivos que aparecen en mis libros anteriores. Pero si quiero avanzar dentro de esa misma inmovilidad diría que Sé es un reclamo. El título lo dice, es una especie de insistencia en que yo sea siempre el que soy, sé tú, sé lo que eres a pesar de todo. Es como una especie de mandato, tal vez es la poesía que me lo dice: tienes que ser tú, aún cuando lo hayas sido siempre, aún cuando se tenga que hablar en parte de algo doloroso, lastimero, dramático tal vez, patético puede ser. Es un reclamo de la poesía o de mi conciencia más que de la poesía. Y como la poesía es una de las formas de la ética humana indudablemente que ese reclamo es válido.
¿Cómo recibió el Premio Nacional de Literatura?
Sin duda alguna es una satisfacción, decir lo contrario sería mentira. Es un reconocimiento, el más alto que da el Estado venezolano y la cultura venezolana a un escritor. Sin embargo, uno siempre siente que hay un reclamo, una especie de advertencia más que reclamo. Muy bien, has sido reconocido, pero ¿cuántos dejaron de ser reconocidos por ti? Hay quien dijo que todo premio es una gran injusticia, creo en todo caso, que si no es una gran injusticia, permite realmente revisarse. Uno dice: por qué a mí, por qué me matan con la gloria, por qué me señalan a mí. Pero por otro lado la elección ha estado en manos de lectores serios. Por lo tanto hay justicia, sin duda alguna. Yo me atengo a esa justicia y bueno sí, soy culpable.
¿Su consideración sobre los procesos poéticos en la Venezuela actual?
En Venezuela se han realizado muchos talleres literarios. Personalmente he podido constatar la gran vitalidad que tiene la poesía venezolana, a quien se acusó en un momento de que iba a ser unánime, de que no iba a tener diversidades temáticas y formales, porque supuestamente el facilitador imponía su gusto y lenguaje. Esto es una gran mentira, puesto que ya han pasado varias décadas y el resultado de los talleres, que es la gran experiencia colectiva que necesita el poeta en búsqueda de una voz, ha sido la diversidad temática. ¿Quiénes han estado al frente de estos talleres? Escritores tan importantes como Guillermo Sucre, Ramón Palomares, Ludovico Silva, Alfredo Silva Estrada, entre otros.
La poesía venezolana se ha enriquecido mucho con los talleres pero también con los concursos, los certámenes, presentes en todas partes de Venezuela, regionales y nacionales, para estudiantes y público en general. Están las bienales, los grandes festivales de poesía. Todos estos fenómenos producen una gran diversidad de emociones, de interés por la poesía y sobre todo generan la posibilidad de encontrar y descubrir poetas. Existe la poesía escrita por mujer, por ejemplo, que es de gran riqueza y ha dado nombres sorprendentes.
Dicen que Venezuela es un país de poetas. Creo que es verdad, pienso que la pasión por la poesía es evidente e indiscutible. Una de las pruebas se encuentra en los Festivales Mundiales de Poesía. Ahora vamos a celebrar el octavo festival. Reynaldo Pérez Só será el homenajeado este año y Andrés Bello la figura emblemática. Hemos visto que asiste gran cantidad de gente. La mayoría son jóvenes, muchachos y muchachas que llenan los espacios del festival, no solamente en Caracas sino en todo el país. Asisten personas de todas las edades pero la presencia de la juventud es evidente. Sobre todo cuando se dieron cuenta de que la poesía contemporánea tiene muchos lenguajes, se baila, el hip hop también es poema, el rap es poesía. Entonces la poesía se puede gestualizar, no sólo está presente en la escritura. La variedad de lenguajes poéticos permite que los jóvenes se identifiquen con este arte. En concreto pienso que la poesía venezolana vive uno de sus mejores momentos. Pero estos momentos tienen su inicio desde hace tiempo, hace ya dos décadas, alrededor de 1974. La presencia de la poesía en Venezuela no está compuesta sólo por generaciones pasadas, también por mucha gente que tiene 18, 19 años. Jóvenes que son realmente sorprendentes. No me canso de ratificarlo: siempre tengo la satisfacción y el deleite de encontrar poetas nuevos cuando realizo talleres o promuevo poesía.
¿Nuevas experiencias en cuanto a talleres?
Actualmente he asumido la responsabilidad de ser facilitador en el taller de poesía de Monte Ávila Editores Latinoamericana. Fui invitado anteriormente pero no había podido asumir esa responsabilidad por motivos de trabajo. Esta vez le dije a Carlos Noguera, presidente de Monte Ávila, que necesito y quiero guiar el taller. Insistí en ser el facilitador y aceptó con mucha generosidad. Por lo tanto estoy entusiasmado porque va a ser una gran experiencia, como las muchas que he tenido cuando he sido, a través de muchos años, facilitador de talleres de poesía.
Patricia González
Monte Ávila Editores Latinoamericana |