Luis Barrera Linares: "La escritura sirve para estar en el Universo"
El hijo de Amelia Rosa Linares Milla, jefa de cocina de hoteles, clubes y de casas pudientes de Trujillo, y José Ramón Barrera, oficinista y administrador maracucho, se abrió camino en Caracas (cuando llegó proveniente de Maracaibo a los 14 años) a punta de lectura, escritura y mucha investigación.
Con el pasar de los días y las noches, luego de estudiar bachillerato y trabajar simultáneamente, viviendo solo en pensiones y casas de vecindad de la capital venezolana, Luis Barrera Linares logró obtener una licenciatura y, posteriormente, un doctorado en Letras. Hoy su nombre está ligado en buenos términos a la investigación literaria, a la narrativa, a la docencia universitaria y, en definitiva, a la palabra con todos y cada uno de sus alrededores.
Pero ante todo Barrera Linares es autor de un importante conjunto de ensayos críticos, entre ellos, Memoria y cuento. Treinta años de narrativa venezolana 1960-1990; Psicolingüística y desarrollo del español (tomos I y II); y Del cuento y sus alrededores. En el ámbito creativo, escribió Beberes de un ciudadano, libro de cuentos que obtuvo, en 1986, el Premio Conac de Narrativa.
Hoy, con 55 años a cuestas, invierte su tiempo como profesor titular de la Universidad Simón Bolívar (doctorado y maestría) y como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Su libro más reciente, La negación del rostro. Apuntes de una egoteca de la narrativa venezolana masculina (Monte Ávila Editores, colección Estudios, 2005), ya tiene varios meses en la calle, dando de qué hablar entre un nutrido grupo de mortales interesados en la literatura: ya sea críticos, autores o lectores.
Ofrecemos a continuación las respuesta de este ensayista venezolano (de aspecto callado, pero sumamente crítico y observador) a un cuestionario que, como de costumbre, intenta revelarle al lector, guión a guión, algunos elementos básicos de la naturaleza de todo escritor que escribe para vivir y, por supuesto, para morir.
Para fraguar venganzas
-¿Qué es la escritura?
-Una manera de asumir la vida, un modo de apresar la cotidianidad.
-¿Para qué sirve la escritura?
-Para estar en el universo, para ser y padecer. También sirve para construirles tumbas a los demonios y aureolas a los ángeles. Y en el caso de los narradores para fraguar tus venganzas de papel tinta, convirtiendo a tus adversarios en personajes, o para mentir sin culpa, como decía Denzil Romero.
-¿Hay algo que le falte por escribir?
-Sí, creo que bastante, sin saber exactamente cuánto ni qué, porque vivir a expensas del lenguaje te obliga a escribir hasta el último día. A corto plazo he decidido entregar algunos apuntes de vida a mi tía Eloína (mi personaje más querido) para que sea ella quien arme con eso un relato y le dé forma. Y para quienes se han disgustado con La negación del rostro , espero además escribir alguna vez un ensayo crítico en el que pueda decir que los escritores venezolanos nos queremos demasiado para dejarnos ningunear en el ámbito latinoamericano.
-¿Cuál de sus libros es el más querido por usted?
-De los que ya existen, y en cuanto a ficción, el más travieso, espontáneo y descarriado ha sido Parto de caballeros .
-De no haber sido escritor y profesor universitario, ¿qué oficio hubiese preferido?
-El allanamiento y cierre de la Universidad Central de Venezuela, que le debemos al doctor Rafael Caldera, me sacó de mis aspiraciones de ser reportero de calle y mi mayor fantasía laboral ha sido ser cantante de rancheras montado a caballo, tipo Mauricio Rosales, a quien apodaban "El Rayo", aunque no sé cantar ni galopar. Pura ficción.
-¿Un país que le gustaría visitar?
-Más que un país específico, desde que leía historietas, he querido viajar al Kilimanjaro, no tanto por la región en sí, sino por conocer de verdad a la mamá de Tarzán. La he oído mencionar mucho, pero jamás la he visto en persona.
-¿Cuál es la comida favorita de Luis Barrera Linares?
-Espaguetis con mantequilla, queso blanco rayado y salsa de tomate. Consecuencia de mis andanzas a finales de 1960 como portero adolescente de hoteles de mala y de buena muerte en el centro de Caracas. Era la comida más barata, pero me quedó el hábito. Aberraciones de clase, pues.
-¿Cuál es su bebida favorita?
-Después de haber probado el carato de concha de yuca fermentada que alguna vez nos mandó recomendar Pastor Heydra por la televisión, cuado era ministro de "desinformación" de CAP y sabiendo que el chirrinche guajiro y el miche claro trujillano te calcinan las pailas, ahora prefiero el "güisqui", pero escrito así, para que parezca una bebida nacional fabricada en Cabudare y no importada de Escocia.
-¿Cuál obra de la historia de la literatura universal le hubiese gustado escribir?
-Para ser coherente debería decir Escena de un spaguetti western de Armando José Sequera, pero no es ésa, es ¡Viva la pasta! de Renato Rodríguez.
-¿Cuál personaje de la historia de la literatura universal le hubiese gustado ser?
-Ninguno, todos están muy (des) gastados por la crítica literaria.
-¿A qué hora del día escribe Luis Barrera Linares?
-A todas, de todo, para muchos: desde memorandos y cartas formales hasta relatos y artículos de crítica especializada o para la prensa, pasando por la mensajería de correo electrónico y telefonía celular, hasta la lista manuscrita de las diligencias que debo hacer cada día y de las tareas pendientes. Anoto todo porque tengo una memoria detestable. Pero para escribir no requiero ni uniformes especiales, ni condiciones ambientales de esas que se les ocurren a algunos poetas, narradores excéntricos y ensayistas pedantotes.
-¿Cuál es el título del último libro que leyó?
-Descontando los tantos que debo leer profesionalmente en mi labor de asesor editorial o de jurado de algo, tengo que nombrar dos excelentes novelas breves de la literatura latinoamericana porque las leí en paralelo : Rosario Tijeras del colombiano Jorge Franco y Corrector de estilo del venezolano Milton Quero. A la primera no le falta nada; la segunda es definitivamente la cotidianidad de una de mis ciudades: Maracaibo.
-¿Cuál es el título del último libro que no terminó de leer?
-El turno del escriba (Premio Alfaguara 2005), y mira que es difícil que un autor o autora logre que yo no termine su libro.
-¿Cuál es su género musical favorito?
-Me debato entre el bolero y las rancheras. Solución conciliatoria: el bolero ranchero.
-¿Cuál es la película que recuerda con más cariño?
-Toda la serie de películas de Cantinflas. El manejo de los juegos de lenguaje de ese personaje siempre me llamó la atención.
-¿Cuál es su mayor debilidad?
-La lealtad, porque creyendo en ella me he estrellado muchísimas veces.
-¿Cuál es su mayor fortaleza?
-El olfato. Como buen "maragocho" (mezcla de maracucho con gocho), huelo a los farsantes, a los tinterillos, a los retóricos, a los adulantes, a los chismosos, a los tramposos, a los tránsfugas, a los oportunistas, a los incapaces vestidos de eficientes, a los petulantes y soberbios, aunque sé que no puedo hacer nada para que no existan y "triunfen", pero me sirve para cuidarme de ellos y ellas.
-¿Cuál es la mayor imprudencia que ha cometido en su vida?
-Creer que hablar sinceramente, claro y directo, implica automáticamente tranquilidad de espíritu y comprensión. Eso sí es un sueño.
-¿Qué le gustaría hacer el día, o la noche, en que la muerte venga a buscarlo?
-Vade Retro. Nada, absolutamente nada, porque desde niño he tratado de sacudírmela escribiendo sobre ella y matándola. Lo más que podría hacer es escribir un cuento en el que yo galopo en pleno llano un caballo y ella es un personaje "autosuicida".
-Si pudiera seleccionar el epitafio de su tumba, ¿qué escribiría?
-No tuvo tiempo de montar en su caballo. |