Volver

Entrevista a María Baranda

María Baranda nos permitió conversar con ella para adentrarnos en su vida y experiencia literaria. La poeta mexicana, delicada y a la vez con una fortaleza que a leguas la distingue, nos recibió en el Hotel Alba, un día después de la presentación de su libro Ávido mundo. Su poesía refleja la imagen del mar, de lo terrestre, de la simplicidad. Su voz poética evoca el sonido de la naturaleza, el ser que filosofa y el olor profundo del mundo marino. La lectura de su obra invita a ver siempre más allá del límite. 

Nació en México en 1962. Es escritora, poeta y traductora. Ha recibido los premios de poesía Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México, Efraín Huerta, el Nacional de Poesía Aguascalientes y el Premio Iberoamericano de Poesía Villa de Madrid, España. Este año participó como jurado en el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora.

¿Qué significa para usted ser escritora?

Escribir es mi vida entera, es mi oficio, es a lo que me dedico. Es una manera de ver el mundo y de estar en el mundo. No lo entiendo de otra manera. Como otros son ingenieros, astrónomos o ganaderos, yo soy escritora y me asumo como tal, profesionalmente, todo el tiempo.

¿Cómo surge la elección de la poesía como medio de expresión literaria?

Es algo absolutamente extraño lo que sucede con la poesía. Yo creo que uno no elige el género, sino que es la poesía la que nos elige a nosotros. Yo tengo un recuerdo que me marcó. Tenía catorce años, iba en el camión de la escuela y vi escrito en un muro, un verso de Xavier Villaurrutia, que decía “La muerte toma siempre la forma de la alcoba”. Y era raro porque en México, en mi época, no se usaba ya la palabra alcoba, pero el hecho de que la muerte tomara la forma de la alcoba, a mí como adolescente me marcó, me decía algo. Empecé a buscar más poemas y a partir de ahí creo que me quedé para siempre metida en el mar de la poesía.

¿Cuál es el significado del mar, del mundo marino en su obra? Es una presencia que hace peculiar su obra y que crea una poética original, un estilo particular. Permite reconocer que leemos a María Baranda.

Me llama muchísimo la atención que hagas ese comentario, porque en esta reunión de libros, yo saqué dos libros. Uno se llama El jardín de los encantamientos que empieza con un verso que dice “Todas venían del mar” y otro libro que se llama Los memoriosos que empieza diciendo “Hemos llegado y no es del mar donde somos” y son dos libros absolutamente marinos. Precisamente porque yo quería dar otra imagen de mí más terrestre. Pero te voy a contar que el mar tiene que ver con mi familia, es mi sangre. Por el lado materno toda mi familia viene de un estado que se llama Campeche, que es en el sureste de México, y por el lado paterno vienen de Veracruz, que es el gran puerto, donde llegó Colón, donde llegó Cortés. Entonces en mi sangre confluyen dos culturas, la olmeca y la maya, podríamos decirlo así y las dos son marinas, las dos vienen del mar. Todo lo que hay en mi casa, todo lo que yo aprendo, son los ritos del mar sin conocer el mar, yo conozco el mar hasta los cinco o seis años. Pero para mí, todo venía del mar porque la gente inclusive que trabajaba en mi casa venía del mar, los guisos que se hacían en mi casa eran de la cultura del mar. Todo está marcado por el mar en mí, pero familiarmente.

¿Que autores han influenciado su poesía? En su obra menciona a Dylan Thomas, al poeta William Wordsworth ¿Qué otros autores han influenciado?

Son tantos, pero yo me considero marcada directamente por Xavier Villaurrutia, que es un poeta mexicano, del grupo de los contemporáneos, de la primera mitad del siglo XX. Por supuesto que reconozco también a Octavio Paz, a tantos mexicanos que me abrieron el camino, a López Velarde ¿Cuántos me han marcado? Te puedo decir que desde Horacio. Homero, porque yo de pequeña leí la Iliada y entonces mis poemas son épicos. Me gusta narrar, me gusta que los poemas cuenten historias y meterme en esas historias. También me gusta mucho Dante, La divina comedia, esta idea siempre jugando en la poesía, las tres partes, el infierno, el cielo, el paraíso, el limbo. T. S. Eliot, los poetas ingleses también, soy lectora de muchos poetas ingleses.

¿Sigue María Baranda, la persona, en su vida cotidiana, esa voz de la poeta que escribe los versos “De nada me arrepiento, / de nada pido perdón a la fortuna.” ¿Practica esta frase en su vida? ¿Qué significan estas palabras para usted? Esta frase está en el libro Dylan y las ballenas (2003)

En efecto, es una actitud, es una manera de estar en el mundo. Uno hace muchas cosas que pueden verse como malas o buenas. A mí no me importa la parte moral, ni de las acciones, ni de las consecuencias, lo que me importa es que uno lo viva al cien por ciento. Si uno va a pecar, hay que pecar bien. Si uno va a amar, tiene que amar al cien, con todo lo que es. Eso es lo que quiere decir eso, de nada me arrepiento. Y pido perdón a la fortuna, pido perdón por haber recibido tanto, aunque quisiera seguirlo recibiendo, y es un poco lo que significa Ávido mundo. Cargar con una culpa tan cristiana de la que yo me he tenido que despojar muchísimo. Es una actitud también para escribir, para llegar a decir: aquí estoy y esto es.

¿Qué significado tiene el sueño en su poesía?

Yo creo que todo el tiempo nos estamos debatiendo, como decía Novalis, entre sueño y realidad. Realmente a mí lo que me interesa es esa grieta, esa apertura que hay, entre el estado de dormir y el despertar. Ese el momento donde el mundo empieza, donde uno empieza a hablar. No me refiero a la hora física o de verdad, cuando uno se levanta en las mañanas, sino ese abrir los ojos y poder entrever lo que está o lo que no está.

Lo religioso también está presente. ¿Cuál es el papel de lo religioso en Ávido mundo, me refiero a la selección completa? ¿Existe algún cambio de vista acerca de este tema a través de los años en que fue escribiendo, en cada uno de los libros se trata de manera distinta o se mantiene el mismo punto de vista?

Más que lo religioso, a mí lo que me interesa es Dios como figura literaria. Me gusta que podamos tener un creador, esta idea de alguien que verbalmente nos crea, que diga “Existe el mundo” y el mundo comience. Que yo me pueda debatir con él en donde sea. ¿A quién le reclamo? ¿A quién le pido ese perdón o no perdón? ¿A quién le digo con permiso? ¿Cuál es mi referente? No me refiero nunca a un Dios cristiano, sino a un Dios más allá, mitológico, que abarca todo y me gusta mucho esa figura literaria. Todo el tiempo va a estar permeado por Dios.

Por otro lado, también formo parte de una cultura cristiana, judeo-cristiana y es imposible que no se metan todos estos referentes. Después de haber hecho una lectura, donde traduje, durante muchos años a Dylan Thomas, yo tenía que separarme de él a la manera en que uno se separa del padre y en mucha parte fue a través de la religión. Él era un hombre sumamente religioso y sus poemas son religiosos. Todas estas imágenes de Cristos colgados, Cristos caídos, Cristos rotos, tienen que ver con ese desprendimiento también, de lo que uno quiere dejar atrás y lo que uno quiere ser ahora.

En Atlántica y El Rústico la voz poética se refiere a un Amigo que: “Pródigo, satisfecho, acumula aquello que separa: lo masculino y femenino en agua de mar pálida, reconciliada.” ¿Qué desea expresar con esta reconcilación de lo masculino y lo femenino? ¿Cuál es su significado?

Hay un juego en Atlántica y El Rústico, no es que sea realmente un amigo el personaje, yo le digo amigo pero es una parte mía, es el yin y el yang, las dos partes del mundo. El mundo se divide en dos elementos, lo femenino y lo masculino, y todo el tiempo estamos intercambiando este mundo. Ese libro se constituye en dos miradas, la mirada masculina y la mirada femenina. De quién ve al otro, ese es el único juego que hay, es mi ideal y mi manera de crear el mundo. Y toda la referencia es a un mundo orgánico, a un mundo biológico. Todo lo que yo veo en ese supuesto amigo, en esa masculinidad, tiene que ver con las termes, con las hormigas, con el submundo acuático, con todo lo terrestre. Yo pienso que también puede leerse como un poema de amor, tiene la doble intención.

En este mismo libro, Atlántica y el Rústico aparece la figura de Vermeer, el pintor de lo cotidiano y María Baranda como poeta hace referencia a “las cosas simples” ¿Para usted qué es la sencillez y cuál es su importancia?

Para mí es el máximo grado al que tiene que llegar el poeta. Yo para crear mis imágenes me apoyo mucho en dos cosas, en la música, escucho música, sobre todo música clásica y veo mucha pintura. Amo la pintura. Justo para ese libro estaba yo viendo muchas imágenes de Vermeer. Me gustan esos colores cálidos pero a la vez fríos, como combina y hace ese juego de luz y sombra, todo el tiempo, que es muy clásico de la época, de este pintor y de la escuela a la que él pertenecía, la escuela flamenca. La luz y la sombra están todo el tiempo jugando e interactuando. Finalmente mi poema es eso, es la luz y la sombra, todo el tiempo unidos y dialogando uno con el otro.

 También menciona el nombre del pintor Van Gogh ¿Cuál ha sido la influencia de este artista en su obra? En su poesía parecen estar presentes todas las artes, música, pintura, literatura ¿A qué se debe?

Yo creo mucho en esta formación multifacética. Para escribir mi primer libro que fue la Fábula de los perdidos, yo recuerdo que leí muchísimos libros de astronomía, para Atlántica y el Rústico me metí en la biología y en la agricultura biodinámica. Estuve como dos años metida en la agricultura, sembré y me interesó todo el proceso. Estuve trabajando con un grupo de biólogos, no pensando en el libro sino que era una parte mía que yo quería entender más, el crecimiento, la botánica, por eso digo que es un libro muy orgánico. Es un libro que tiene que ver con ese período mío tan cercano a la tierra, de trabajo en el campo. Yo tuve un sembradío, me dediqué a cultivar plantas, en fin, era una época loca en que yo quería vivir de otra manera, todo eso permea la poesía. En muchos poemas, cuando yo empiezo a nombrar, no quiero nada más referirme a las estrellas, quiero conocer las constelaciones. Quiero saber la diferencia entre el hemisferio del norte y el austral. ¿Qué están viendo aquí abajo? ¿Qué tipo de estrellas ven? ¿Qué los motiva? ¿Qué los mueve? Porque la pregunta es siempre para mí ¿Dónde está el hombre? ¿Qué siente? ¿Qué mira? ¿Qué ve? Esa es la intención de mi poesía, entrar al alma de las cosas. Entrar al mundo, penetrar en el mundo, lo que es mundo, todos nosotros.

Van Gogh, como sus girasoles, es el sol. Van Gogh es la luz absolutamente y también la noche. No hay pintor más melancólico, que trabaje la melancolía de una manera tan luminosa como él. También creo que poder plasmar ese juego de la felicidad y la tristeza a la vez, en un cuadro como el de La noche estrellada, el azul tan profundo que trabaja Van Gogh, es que yo no lo había visto en nadie más y a mí eso me provoca muchísimo. Sus campos tan amarillos, tan secos, que producen paz, a la vez a mí me causa una inquietud siempre saber quién pasó por ahí, quién estuvo ahí, qué vio.

Dígame, en una o dos palabras que se le vengan a la mente el significado de los siguientes dos elementos presentes en su poesía:

a) La naturaleza: Es mi cuerpo
 
b) El hombre: La vida

¿Cómo ve el panorama de la literatura escrita por mujeres en México actualmente?

En las nuevas generaciones, creo que a partir de mi generación, las mujeres tenemos esta actitud mucho más profesional. Somos por supuesto mujeres y mi mirada puede ser femenina o no. El yo poético no necesariamente es femenino, puede ser masculino en un momento dado. Pero es la actitud lo que empieza a cambiar, es la manera de estar delante del papel, con la pluma en la mano y tener un poquito de determinación en el mundo, de decir “aquí estoy y lo estoy haciendo de esta manera”. Aunque todavía uno tropiece y ve a ciertas chicas que tienen resquemores, ese pudor de esa diferencia, entre hombre y mujeres digamos. Es una cuestión de actitud en la vida. No es nada más respecto a la literatura, la literatura por supuesto que lo permea. Creo que lo importante es decidirse, a ser lo que sea uno y serle fiel a eso. Por cuestiones culturales a las mujeres nos cuesta más trabajo, creemos que tenemos que renunciar, quizás por la casa o la familia pero hay que dejar todo eso de lado para poder enfrentar el mundo de otra manera. Sí me gustaría que las nuevas generaciones tuvieran otra determinación, otra manera de vivir.

¿Cuál es el estado actual de la creación literaria de los indígenas en México?

A mí realmente como poeta me interesa una sola en México que se llama Natalia Toledo y me interesa porque ella ha leído, no nada más a los poetas indígenas y su mundo no se remite nada más a eso, sino porque sus lecturas son muy amplias. Ella te habla de Rilke, de T. S. Eliot. Ella ha roto con ese cerco como del exotismo, que permea tanto el mundo indígena. Ahora, está de moda y es culpa nuestra pero también del otro lado. Yo quisiera que nosotros pudieramos valorar, como ellos también valorarse y poder crear una sola literatura. No una literatura que nos hablara del águila, el pajarito y el cactus otra vez porque realmente no dice nada, ni a ellos tampoco les está diciendo nada. Poder establecer nuevos puentes y nuevos diálogos entre las dos culturas, porque sí son dos culturas absolutamente diferentes. Son dos maneras de estar en el mundo.

¿Hablenos un poco sobre sus nuevos proyectos? ¿Está escribiendo en estos momentos?

Sí, pero dicen que es de mala suerte decirlo jajajaja. Llevo mucho tiempo metida en un poema que empecé en Estambul, yo viajé a Turquía a principios de años. Es una ciudad, que en el momento en que llegué me estremeció. Cursimente digo que me hizo llorar. Sentir que estaba como en la visagra entre occidente y oriente. Me hizo reflexionar también sobre la vida. Más que de emigración es un poema de inmigración, hacia mí, hacia dentro, es un poema del cuerpo.


Patricia A. González
Monte Ávila Editores

  Volver