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Celsa Acosta Seco:
Para mí la poesía es otro lugar

Celsa Acosta Seco pone en evidencia a través de su antología poética Otro lugar (1991-2007) la sensibilidad de una niña, la pasión de una mujer que ama y la fortaleza interior de una persona que vive de lo espiritual. Estas facetas se vuelven una sola presencia cuando se tiene el placer de conversar con la escritora. A lo largo de la entrevista la poeta revela un mundo lleno de calidez y coraje.

Nació en Coro, en 1964. Es miembro fundador del Centro Nacional de Investigación-Acción Antiimperialista Simón Bolívar. Entre sus libros publicados se encuentran Otro lugar (1992), Labio ebrio y otros textos (1998) y Hendidura de agua (2004). Ha participado en las revistas literarias Imagen, Poesía, Babel y Carmín de Buenos Aires, Argentina.

¿Qué importancia tiene lo sensorial en su poesía? En la primera obra de la antología, Otro lugar, se observan títulos como “Del cuerpo”, “De las manos”, “Del cuerpo y de las manos”; otra obra se titula Labio ebrio y otros textos (1998)

Para mí la poesía es otro lugar. Es ese otro sitio donde somos cuerpo, casa, espíritu, carne, en donde convergen todas las pasiones, los dolores, las pérdidas. Todos estos elementos hacen que el sitio sea sensorial. El dolor no se siente solamente en el cuerpo, existe el dolor del cuerpo causado por una enfermedad, pero también existe el dolor del espíritu. Durante todo este tiempo he ido trabajando estos elementos, son parte de mí, los he padecido. Uno lee a un poeta y se pregunta ¿habrá padecido todas esas cosas? Y a veces uno encuentra que no; pero en poesía yo no concibo eso, en poesía tienes que serle fiel a lo que sientes, tienes que serle fiel a tu memoria.

¿En su poesía se vislumbra la esperanza? Se leen expresiones como “claridad”, “alba”, “espero el día”, “luz”.

La palabra esperanza es muy grande y difícil de asir. Esa luz, esa claridad, esas aguas, aberturas y rendijas, que pueden ser rendijas de luz o de sombra, las veo como una fuerza para levantarse. También en mis escritos se sienten muchas caídas pero todos estos elementos que mencionas, la claridad, la transparencia, el agua, son soportes para levantarse.

¿Cómo percibe la poeta elementos como la soledad y la ausencia?

No están vistos como algo negativo, son parte de la vida, nos acompañan. Son tránsitos presentes en nuestro proceso de vida y escritura. Traen beneficios, fortaleza para continuar, para seguir viviendo con la poesía.

¿Qué importancia tienen el “soñar” y el “despertar” en su obra?

Yo uso mucho en mi poesía los cambios bruscos y no solamente los cambios de persona, es decir, cuando hablo desde el yo o en tercera persona. Junto al soñar coloco el despertar, junto al dolor coloco la luz. Trabajo esos dos estados porque siempre trato de equilibrar en mi vida lo bueno o “lo malo” entre comillas.

¿Por qué en uno de los poemas se habla del abandono de la palabra? Cito “Somos / esta tierra y lo que queda. / Tomamos el último sol / para aguardar juntos / el viaje sagrado / del polvo más claro de las piedras. / y sin embargo, / la palabra me abandona / en las migas más ácidas.” En otros versos la poeta huye “del temblor / de la palabra / vaciada dentro.”

Me refería a momentos en que no podemos asir completamente el verso y transformarlo en palabra, cuando no es posible aprehender eso que padecemos, lo que nos arroba, la poesía. En ocasiones la voz poética parece huir ante la imposibilidad de plasmar y transformar en palabras lo que sientes como experiencia de vida. No es fácil para un poeta enfrentarse a eso, al hecho de llevar a la palabra todo ese aluvión de tanto tránsito.

Háblenos un poco de la sensualidad presente en su poesía, un ejemplo de este tema pareciera encontrarse reflejado en Labio ebrio y otros textos (1998)

Labio ebrio y otros textos fue un libro fortuito, vamos a decir que salió de pronto. Al comenzar a escribirlo sentí cierta dificultad. Son otros los que te dicen si eso es erotismo, si es poesía erótica. En los textos se le da poder al labio, como deseo, pasión, pero también a los labios que son parte de la boca que nombra.

¿Qué es la sabiduría para Celsa Acosta Seco?

La sabiduría es la memoria que tengo de mi padre. En la obra se puede encontrar mucho de mi padre. También me acompaña el I Ching que lo considero un libro sagrado, tanto como la biblia.

La sabiduría del I Ching y la memoria de mi padre, me dan la fuerza, la fortaleza o los bríos para seguir a pesar de que nos encontremos en ese ir y venir de tantas cosas que nos afectan. Entre esas cosas se encuentran nuestros propios padecimientos, los de la mujer que escribe poesía, la mujer que está comprometida con el proceso revolucionario, la que está comprometida con su sociedad, con su entorno y con el tiempo que le toca vivir.

¿Qué significado tiene la palabra “desventura” en su poesía y en la vida?

La desventura se puede encontrar ante cualquier circunstancia de la vida. Además, hay que tomar en cuenta qué es lo que puede ser beneficioso para ti y qué no, qué es lo que puede ser desventura para otros y no es desventura para ti, también hay quien busca su ventura y al carajo si su ventura significa la desventura de los demás.

¿Cómo concebir la infancia en el libro Otro lugar (1992)?

Otro lugar es un libro que sale en 1992, pero que ya había escrito mucho antes. Lo escribí de un tirón, en una noche, algunos son textos viejos que volví a trabajar esa noche. Fue todo un proceso luego de la pérdida de esa columna tan importante en la vida que tenemos todos, que es la madre.

Ante toda esa situación de pérdida, de dolor, empecé a escribir textos donde la memoria de la niñez, la memoria de la casa, iban en correspondencia con esa ausencia. Mi infancia tiene mucho valor porque fue hermosa, llena del cariño de mis padres, de tantas vivencias. Es ese sentimiento de que fui su muchachita, no la cosa boba de que me estuvieran cuidando, yo me golpeé bastante, me rajé las rodillas, no me quedó ninguna marca gracias a Dios jajajaja. La luz que yo tengo, la transparencia, el relámpago, todo eso viene de la infancia.

¿Cuál es la tarea de los poetas?

Decir lo que otros pueden ver pero no tienen los instrumentos para expresar.



Patricia A. González
Monte Ávila Editores

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