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Diana Raby: "Desde luego es importante que el proceso no dependa sólo de Chávez, pero al mismo tiempo es evidente que él tiene un papel muy importante"

Diana Raby nació en Norwich, Inglaterra. Ha entregado años de vida a movimientos de solidaridad y lucha popular en el Reino Unido, Canadá y América Latina. Dedicada a la enseñanza, ha ejercido como profesora de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Liverpool en Inglaterra y también en la Universidad de Toronto en Canadá. En sus numerosas publicaciones destaca el tema histórico y la política latinoamericana. En el año 2006 publicó Democracia y revolución en Monte Ávila Editores, libro que recibió mención honorífica en el IV Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2009, llevado a cabo en Venezuela. En la siguiente entrevista se realiza una aproximación a esta obra, a las preocupaciones de Raby por el ser humano y el mundo, a su visión del socialismo y opinión acerca de la revolución venezolana.

Qué la animó a escribir el libro Democracia y revolución. Qué la lleva a escribir un libro de este tipo.

Mi interés en América Latina ha sido no sólo académico sino también cultural, social y político, con mucha simpatía y entusiasmo por los procesos populares. Ya me parecía desde temprano que Venezuela era una gran esperanza para América Latina y el mundo. Escribir el libro era importante desde el punto de vista personal y un compromiso político.

A su modo de ver cuáles son los aspectos más resaltantes del libro Democracia y revolución.

Primero mi percepción acerca del proceso bolivariano en Venezuela. Cuando terminé el libro, por lo menos la edición original inglesa, es a principios de 2006, entonces apenas se había dado la elección de Evo Morales que menciono brevemente. Así que traté sobretodo el tema de Venezuela, quise dar mi análisis del proceso venezolano. Explicar cómo Venezuela daba una esperanza al mundo en un momento de desorientación de la izquierda y las fuerzas populares, situación que se manifiesta a partir de los años ochenta, y sobretodo desde la caída de la Unión Soviética y el Socialismo Europeo, en el ambiente de los años '90 y principios de este milenio. Se vivía la imposición de un pensamiento único generado a partir del neoliberalismo, del mundo unipolar. Y al mismo tiempo había resistencia de movimientos populares, sociales, movimientos antiglobalización, pero sin una perspectiva política real. Estaba presente la idea de resistir, de que los movimientos sociales lo eran todo, y a la vez el pensamiento de que los partidos políticos y el poder del Estado no servían.

Desde luego, había que aprender de los fracasos de la vieja izquierda y entender que cualquier nuevo socialismo tendría que ser mucho más democrático y basado en los movimientos populares. Al mismo tiempo me parecía que era necesario organizarse políticamente y pensar en llegar al poder del Estado para construir desde abajo, pero también desde arriba, una nueva realidad. Comencé a notar todo más claro a partir del año 2002, 2003, con la derrota, el golpe, el paro petrolero; que Venezuela representaba un primer caso en la construcción de un nuevo Estado de tipo popular en el mundo. En el libro doy bastante importancia al caso de Cuba porque me parecía que había que insistir en que Cuba, a pesar de la crisis tremenda del período especial, siguió resistiendo y no solamente eso sino que siguió insistiendo en el socialismo. Como reconoció el propio Chávez desde el principio, Cuba era la dignidad de América Latina y daba la posibilidad de que Venezuela empezara a construir algo nuevo.

A propósito de Cuba, qué opinión le merece el ejemplo que ha dado con respecto al socialismo y el que da ahora Venezuela.

Desde luego Cuba está cambiando, pero no en el sentido que piensan los grandes medios, ellos piensan que está en transición al capitalismo. Todo lo que ha pasado en Cuba sigue vigente, siempre ha tenido sus características propias, ha sido una revolución original. Sin embargo, también quedó con ciertas desviaciones y distorsiones por la imposición de aspectos del modelo soviético. Ahora creo que Cuba está volviendo a las raíces. Venezuela está aprendiendo de Cuba y a la vez Cuba aprende de Venezuela y de Bolivia. Cuba tiene mucho que ofrecer pero también puede aprender.

Cómo recibió la noticia de haber sido nombrada mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico por su obra Democracia y revolución. Concursaron 102 obras.

De maravilla, me siento muy honrada y realizada por ese reconocimiento. En lo personal tengo la esperanza de que el Presidente Chávez lea el libro para poder conversar con él. Espero que con el libro haya ganado esa posibilidad.

Ha formado o forma parte de algún movimiento de solidaridad con América Latina.

Sí, claro, en Inglaterra, también en Canadá participé en movimientos de solidaridad con Chile, Argentina, contra las dictaduras, con El Salvador, Nicaragua, en Centroamérica. En los últimos años ha habido diferentes movimientos de solidaridad fuera de Venezuela. También participo desde hace mucho tiempo en una campaña nacional solidaria con Cuba.

¿Les llama mucho la atención en Inglaterra la revolución que se está dando en Venezuela?

Sí, no a nivel de grandes masas pero llama la atención, antes nadie sabía nada de Venezuela. Algunos sabían que era un país petrolero, que producía misses pero nada más. En los grandes medios de comunicación, como siempre sucede con estos grandes medios, tienen una visión bastante negativa de Venezuela. Sin embargo, en el Reino Unido por diversos motivos la solidaridad con Venezuela es más fuerte que en otros países europeos. La derecha antivenezolana no es tan fuerte como en España por ejemplo. En ese sentido nos sentimos bien, quiere decir que por lo menos algo se está haciendo.

Cuál es la condición de la izquierda a nivel mundial actualmente, tomando en cuenta países como los del Alba. Ha habido un despertar.

A nivel mundial creo que todavía falta mucho. Se sigue viendo que la gran esperanza es América Latina. Hay cosas preocupantes, como el golpe que se produjo en Honduras, las bases gringas en Colombia, pero al mismo tiempo vemos lo positivo con el modelo del Alba por ejemplo. Eso representa una gran esperanza. Ahora, en otras partes, no hay mucho avance. Hay gobiernos antiimperialistas, que ahora son aliados de Venezuela como Irán, pero ejemplo claro de la izquierda todavía falta mucho.

Hacia dónde apunta la izquierda a nivel mundial, hacia dónde se dirige.

Se dirige claramente a construir la alternativa de que otro mundo, con cada vez más conciencia socialista de nuevo tipo, es posible. Y bueno también el tema ecológico es fundamental, de eso sí hay una conciencia cada vez más grande. Lo ecológico tiene mucho impacto en Europa y en mi país, hay mucha gente preocupada por el cambio climático.

Foto de Merle Ramos

¿Qué ideas novedosas aporta el libro Democracia y revolución?

Planteo algunas ideas acerca de mi concepción de socialismo y aunque en ese aspecto es mucho más desarrollado y sofisticado el análisis de István Mészáros, yo hablo de la presencia del poder popular revolucionario en Venezuela, en Bolivia, etc.

Se ha demostrado especialmente con el ejemplo de Cuba, un país pequeño con muchas dificultades, que se puede construir un orden social diferente, un orden social y económico anticapitalista. Lo que se ve en Cuba, también ahora en Venezuela, Bolivia, etc., es que surgen revoluciones inevitablemente, revoluciones populares que van rumbo al socialismo. Lo que ocurre es que mientras no haya una transformación general en el mundo, el socialismo va a encontrarse siempre con el problema de que nada es permanente. Pueden empezar a construir y avanzar en el desarrollo de un orden social y económico diferente, pero lo que hay que entender es que van a estar siempre, por lo menos por un período histórico largo, que no sabemos cuándo va a terminar, con el problema de buscar defender ante un mundo hostil lo que han construido. Para que el socialismo sobreviva es necesario que el Estado revolucionario tenga características realmente democráticas y populares, es eso lo que garantiza que pueda mantenerse. La garantía no está en el aparato burocrático, éste incluye el aparato militar entre otras áreas, es necesario claro, porque hay que tener armas para enfrentarse al imperialismo pero lo que garantiza el carácter socialista del proceso es la democracia interna y la movilización popular.

Otro tema al que le dedico un capítulo largo en el libro es lo referente al liderazgo carismático. Mucha gente de izquierda critica este tipo de liderazgo, gente de aquí en Venezuela y afuera, lo ve como algo negativo, yo creo que no lo es. Desde luego es importante que el proceso no dependa sólo de Chávez, pero al mismo tiempo es evidente que él tiene un papel muy importante. Han existido muchos partidos que se decían socialistas, revolucionarios y no supieron ejercer el liderazgo que hacía falta, el pueblo no los aceptaba, no los reconocían, por lo menos no en el grado necesario. Lo que pasa también es que un líder, como Chávez o Fidel, no cae del cielo, se va formando. Chávez por ejemplo, surge después de su iniciativa de formar el movimiento revolucionario bolivariano, originalmente clandestino. Luego lleva a cabo el levantamiento en 1992 y es allí donde el pueblo lo reconoce y comienza a decir “Ese es el líder y ese es el movimiento”. Chávez se ha ido formando constantemente en relación dialéctica con el pueblo, es el representante del movimiento, el liderazgo surge de un proceso que hay que entender y no es necesariamente una cosa negativa.

Diana Raby actualmente está trabajando en algún nuevo libro, alguna nueva publicación

Sí, he estado escribiendo artículos académicos y breves artículos populares para periódicos pequeños, websites de izquierda y solidaridad. También acabo de terminar un artículo académico sobre la política exterior venezolana. En un próximo libro espero escribir sobre el Alba y sobre cómo sigue evolucionando el proceso en Venezuela.

¿Agradecimientos?

Un agradecimiento a Monte Ávila Editores Latinoamericana, también al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a la gente de la Red de Intelectuales por la humanidad y al pueblo venezolano que es mi inspiración.

Patricia González
Monte Ávila Editores Latinoamericana

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